El doble desafío histórico del saneamiento en Tijuana
Desde su fundación, Tijuana ha debido enfrentar dos retos estructurales en materia de saneamiento. El primero radica en atender la demanda de servicios de una población cuyo crecimiento carece de parangón nacional, una dinámica que se extiende actualmente hacia la zona metropolitana con Playas de Rosarito, identificada por la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI como el municipio conurbado más dinámico. El segundo, vigente desde la década de 1930, es el conflicto binacional derivado de las aguas residuales sin tratar que el río Tijuana vierte hacia San Diego, Estados Unidos.
Décadas de gestión institucional y acuerdos binacionales
La Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tijuana (CESPT) ha contado con apoyos federales e internacionales crecientes, especialmente en las dos últimas décadas, para enfrentar estas exigencias. En el ámbito fronterizo, se registran al menos 54 acciones y eventos bilaterales desde el primer encuentro gubernamental hace más de 90 años; asimismo, desde 1985 se han firmado nueve Actas de la CILA-IBWC que establecen compromisos para desarrollar infraestructura integral y programas de control de impactos en la zona metropolitana.
Un balance negativo pese a la arquitectura institucional
A pesar de ese andamiaje jurídico y operativo, el saldo sigue siendo negativo en avances sustantivos, bajo condiciones que no han variado significativamente en el tiempo. La presión demográfica y espacial obliga a la CESPT a priorizar soluciones de corto plazo que atienden efectos y no causas, situación agravada por los rezagos heredados y el deterioro de la infraestructura existente, lo que relega proyectos estratégicos como el reúso de aguas residuales por limitaciones financieras.
Condicionantes de las obras actuales en el río Tijuana
Las obras vinculadas a las Actas 328 y 333 buscan resolver la problemática del río, aunque su viabilidad futura estará invariablemente supeditada a la dinámica de expansión de la Zona Metropolitana de Tijuana (ZMT) y a la capacidad financiera y operativa del organismo operador para complementarlas y darles mantenimiento sostenido.
La planeación urbana como vía estructural no articulada
Estas limitaciones obligan a cuestionar las causas estructurales y explorar otras vías de acción. Especialistas señalan a la planeación urbana —cuyos instrumentos lidian con la expansión desordenada desde la década de 1980— como una fuente valiosa de datos sobre tendencias de crecimiento y demanda de servicios. Sin embargo, la interacción operativa entre la planeación urbana y la hídrica no se ha articulado plenamente, aunque se promueve mediante diagnósticos y normativas específicas.
El Plan Estratégico Metropolitano 2026-2040 como horizonte
Toda esta experiencia acumulada deberá converger en el Plan Estratégico Metropolitano (PEM) 2026-2040 para la ZMT, documento que actualmente se elabora con una relevante participación ciudadana y que aspira a integrar finalmente la gestión del territorio con la sostenibilidad hídrica.
Perspectiva integral para una problemática compleja
No existe un pronóstico sencillo para la solución de esta problemática. El trabajo debe continuar bajo un enfoque necesariamente integral, utilizando la totalidad de los recursos técnicos, financieros y binacionales disponibles para revertir una historia de rezagos y conflictos ambientales.