El especial “Cuando nos sentimos perdidos” nos invita a reflexionar sobre la esencia del alma y la materia.

Este tema delicado se ha convertido en un lugar común, y el público en general a menudo reconoce la dificultad de abordar estas cuestiones.

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A continuación, la catequesis completa del Papa Francisco:

Queridos hermanos y hermanas:

Continuemos contemplando los encuentros de Jesús con diversos personajes del Evangelio. Este relato muestra cómo hay una conexión especial entre el encuentro y la búsqueda de lo perdido.

El Evangelio de Lucas presenta a Zaqueo como alguien que está irremediablemente perdido. A veces, nosotros también nos sentimos de la misma manera: sin esperanza. Sin embargo, Zaqueo pronto descubrirá que lo que realmente anhela ya estaba buscando.

Jesús, al entrar en Jericó, una ciudad emblemática, va en busca de aquellos que se sienten perdidos. Hoy, el Señor resucitado sigue descendiendo a nuestros propios infiernos modernos, a los lugares de conflicto, al dolor de los inocentes, y al corazón de las madres que esperan.

Zaqueo, de algún modo, se siente perdido, ya sea por decisiones erradas o por circunstancias que lo han llevado a un lugar complicado. Lucas señala que es rico, sugiriendo que ha acumulado su fortuna a expensas de los demás. Esto tiene consecuencias: probablemente se siente excluido y despreciado por la sociedad.

Los que se encuentran en su entorno no le facilitan las cosas. La multitud le impide ver a Jesús. Quizás esto también represente una especie de venganza hacia sí mismo. Sin embargo, a pesar de todo, Zaqueo no se desanima. Demuestra valentía y se esfuerza por encontrar un buen punto de observación, anticipándose a su encuentro con Jesús.

Con el Señor, lo inesperado ocurre. Cuando Jesús se acerca, alza la mirada y ve a Zaqueo. Puede que este no hubiera esperado este momento de reconocimiento, pero se siente sorprendido cuando Jesús le dice que debe alojarse en su casa. Lucas destaca la alegría que esto provoca en el corazón de Zaqueo.

La mirada de Jesús no es de desaprobación, sino de misericordia. A menudo, somos nosotros quienes ponemos límites al amor de Dios. Zaqueo, después de escuchar las palabras de perdón de Jesús, se levanta como si resucitara de su estado de muerte. Su compromiso es devolver lo que ha tomado, un gesto que lo transforma porque comprende que esta es su forma de amar.

Queridos hermanos y hermanas, aprendamos de Zaqueo a no perder la esperanza, aun cuando nos sintamos marginados. Cultivemos la confianza en la misericordia de Dios, que siempre viene en busca de nosotros, sin importar lo que hayamos perdido.

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