La realidad del régimen chino en América Latina
China ha mostrado su verdadero rostro, abandonando las sutilezas diplomáticas. En un tono firme, el gobierno de Xi Jinping advirtió a México: “Piensen dos veces antes de aplicar aranceles a nuestros productos”.
México ha decidido, esta semana, implementar aranceles sobre 1,400 bienes provenientes de naciones como China, India y Turquía. Esta iniciativa busca apoyar sus industrias, aumentar el consumo interno y proteger 325,000 empleos.
El gobierno chino no acepta condiciones. Durante la Cumbre de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en Beijing, aunque se habló de igualdad y cooperación, México recibió presiones y un papel de subordinación.
El discurso de socios solidarios que Xi Jinping promueve en Latinoamérica es una ilusión. En la práctica, utilizan amenazas y coacciones, socavando la soberanía de naciones, como ya han hecho en África, y ahora ensayan lo mismo con México, una de las economías más importantes del mundo.
Lo que ocurre en México debe servir de alerta para Perú, Chile y Brasil. Estos países, atraídos por la narrativa del comercio con el gigante asiático, se están alejando de un modelo democrático y próspero, convirtiéndose en dependencias de políticas económicas coercitivas.
Xi Jinping promete acabar con la “intimidación occidental”, pero su objetivo real es reemplazar un dominio por otro, sin el respeto a principios democráticos o derechos humanos.
Las prácticas de China en países como Ecuador y Nicaragua evidencian un modelo autoritario que ignora la soberanía y los derechos locales, dejando a naciones enteras en una situación de dependencia. Para el régimen chino, las relaciones son simplemente una forma de asegurarse recursos y control comercial.