Saqueo sistemático del patrimonio arqueológico en Tlalteles
En las faldas del volcán Xico, el asentamiento irregular de Tlalteles —ubicado en Chalco, Estado de México— es escenario de excavaciones clandestinas donde pobladores extraen vestigios prehispánicos sin protocolo científico alguno. Esta zona de humedales, que abarca 375 hectáreas y funciona como área de recarga del acuífero Chalco-Amecameca, resguarda 45 hectáreas clasificadas como zona arqueológica por el INAH, las cuales fueron un centro económico activo hasta el siglo XVI. Sin embargo, la ausencia de una declaratoria de protección formal y su exclusión del decreto del Área Natural Protegida Lago Tláhuac-Xico (2023) han propiciado un saqueo intensivo: habitantes y grupos organizados cavan entre dos y tres metros de profundidad con palas y picos para comercializar figurillas, vasijas y osamentas en el mercado negro, destruyendo irremediablemente el contexto histórico y reduciendo drásticamente los tlalteles (antiguas estructuras habitacionales similares a chinampas) de más de 200 a menos de 20 en apenas cinco años.
Origen y dinámica del asentamiento irregular
La configuración actual de Tlalteles responde a un proceso de especulación inmobiliaria ilegal iniciado hace cinco años, cuando sindicatos comenzaron a vaciar toneladas de basura y cascajo sobre los cuerpos de agua para rellenar los humedales, lotificar y vender terrenos ejidales sin certeza jurídica. Pese a clausuras temporales, el relleno continuó expandiendo la mancha urbana un 19 % entre 2025 y 2026, generando colonias como Pilares, donde compradores como Araceli pagan mensualidades sin recibir escrituras ni servicios básicos. La infraestructura es inexistente: no hay agua potable, drenaje ni alumbrado formal, y el entorno se ha transformado en un basurero a cielo abierto donde la quema de plásticos y la descomposición de lodos han sustituido el ecosistema lacustre, exponiendo a los residentes a riesgos sanitarios y a la inestabilidad geológica del suelo rellenado.
Proyectos de rescate hidroecológico estancados
Ante la crisis hídrica y las inundaciones de 2024 en la colonia Culturas de México, la Secretaría del Agua del Edomex diseñó el Proyecto de Reuso de Agua de la Zona Oriente, que contempla la creación del Parque Hidroecológico Chalco-Tlalteles como “parque esponja” para captar 500 litros por segundo y rehabilitar 220 hectáreas del polígono de riesgo. El Plan Municipal de Desarrollo Urbano de Chalco clasifica el suelo como no urbanizable y detectó 14 puntos de tiro de cascajo ilegal y dos basureros clandestinos, sin embargo, la urbanización avanza más rápido que la instrumentación de estas obras, dejando el proyecto estancado mientras la degradación ambiental avanza.
Compromisos institucionales incumplidos y riesgos culturales
Aunque el INAH firmó un convenio en julio con el Ejido Villa de Chalco para proteger el sitio —comprometiéndose a reservar apenas tres de las 45 hectáreas arqueológicas—, en la práctica no existe vigilancia, rejas ni presencia física del instituto que detenga la extracción de cerámica, lítica u osteológica. Activistas del Frente Común Tlalteles advierten que la compactación del suelo por viviendas y el depósito de residuos generan lixiviados que contaminan el acuífero, sellan la recarga hídrica y borran la memoria biocultural. Además, la venta irregular de predios expone a las familias a estafas patrimoniales y a vivir en zona de alto riesgo hidrológico sin protección civil.
Visión metropolitana: El corredor hidroecológico POZMVM
El Programa de Ordenación de la Zona Metropolitana del Valle de México (POZMVM), impulsado por la SEDATU, identifica al corredor Tlalteles (clave RA2-1.8) como pieza angular de la “ciudad esponja” para la sostenibilidad hídrica regional. Este macroproyecto integra 12 nodos estratégicos entre la CDMX (Xochimilco, Tláhuac, Cerro de la Estrella, Canal Nacional) y el Edomex (Lago Tláhuac-Xico, Santuario Hidroecológico Los Tlalteles, Zona Arqueológica Tlalteles-Mixquic), combinando infraestructura gris y verde: humedales, colectores, plantas de tratamiento y recuperación de espacio público. Su ejecución permitiría fortalecer la recarga de acuíferos, mitigar riesgos climáticos y conservar el patrimonio biocultural mediante un manual de rediseño de espacios verdes con perspectiva de género y sostenibilidad.
Conflicto entre especulación urbana y supervivencia ambiental
La tensión en Tlalteles resume el colapso de la gobernanza territorial en el Valle de México: mientras la normativa urbana y ecológica prohíbe el fraccionamiento y exige restauración, la dinámica real es la de un mercado de suelo ilegal alimentado por la necesidad habitacional y la complicidad de actores locales. La continuidad del relleno con cascajo, la quema de residuos y el saqueo arqueológico no solo destruyen un archivo histórico único y un humedal vital para la cuenca, sino que condenan a miles de habitantes a la precariedad jurídica y a la vulnerabilidad ante inundaciones, demostrando que sin voluntad política para frenar la impunidad inmobiliaria, los planes hidrológicos y culturales permanecerán en el papel.
Urgencia de intervención integral y justicia social
El rescate de Tlalteles exige una acción coordinada e inmediata que articule la vigilancia arqueológica del INAH, la restauración hidrológica de la Secretaría del Agua, la regularización fundiaria honesta para detener la estafa a compradores de buena fe y la construcción real del Parque Hidroecológico previsto en el POZMVM. Proteger este territorio no es solo una deuda histórica con el pasado prehispánico, sino una medida de adaptación climática urgente para la Zona Metropolitana: recuperar la esponja natural de los humedales y blindar el patrimonio cultural son condiciones indispensables para garantizar agua, seguridad y dignidad a las poblaciones presentes y futuras de Chalco y el Valle de México.