POR ALBERTO CAPELLA
EMEEQUIS.- El pasado domingo compartí mi visión sobre la marcha del 15 de noviembre. Este fue un evento espontáneo y respetuoso, que surgió de la emoción y el deseo profundo de contribuir a la construcción de un México en paz. Detrás de este mensaje no había ningún grupo político ni intenciones destructivas. Por el contrario, fue la voz auténtica de un ciudadano que está del lado de las víctimas, de la sociedad y también de los policías. Aunque me honra y motiva, jamás imaginé que esa narrativa se difundiría por todo el país.
Desde anoche, me informan que se está preparando una ofensiva por parte de aquellos que no comparten mi perspectiva, con la típica furia política del sistema. Lo lamento profundamente, y lo único que puedo hacer es esperar con tranquilidad y fortaleza. Estoy convencido de que cada ataque solo fortalecerá mi energía para seguir contribuyendo a un país mejor, un país justo, que también es el hogar de mis hijos. He estado bajo el fuego de las balas de criminales como activista ciudadano y servidor público.
Agradezco a la divinidad en la que creo, aquí estoy. He aprendido que, por brutales que sean, las balas del crimen llegan siempre de frente. Las balas políticas, en cambio, son traicioneras: no se muestran, no se asignan y nunca dan la cara. A pesar de ello, no me moverán de mis principios. Como me decía mi querido don Julio Scherer García, que en paz descanse: “Preocúpese porque hablen de usted, don Alberto, aunque sea bien”.
Pueden intentar destruirme, pero no cambiarán la realidad crítica del país ni la verdad de muchos de mis argumentos. México no resolverá sus serios problemas, especialmente esta violencia que arrebata la vida de decenas de personas a diario, si seguimos violentando a quienes piensan diferente.
Tampoco aquellos que pensamos de manera distinta lograremos que los tomadores de decisiones nos escuchen si los insultamos o menospreciamos. La paz no se construye solo con argumentos; se edifica también con actitudes, coherencia, respeto y la capacidad de escuchar y exigir sin destruir, sin deshumanizar al otro, incluso en momentos de profundas discrepancias.
Podemos ser firmes sin recurrir a la violencia; ser críticos sin ser destructores; y oponernos sin convertirnos en enemigos. Esa es la senda que México necesita: un país dispuesto a reconciliarse consigo mismo. La presidenta Claudia Sheinbaum tiene por delante cinco años para edificar una verdadera historia de cambio.
Convocamos a todos: a quienes coinciden y a quienes disienten con su visión. Todos somos mexicanos. Estaremos juntos, vitoreando y sufriendo el próximo año con la selección nacional, como siempre lo hacemos, sin distinciones partidistas. Los grandes retos de México demandan esta unidad. No habrá forma de avanzar si seguimos tan divididos, lo aseguro. La única manera de avanzar como país es estando unidos. Que así sea. Muchas gracias.
@kpya
Alberto Capella, orgullosamente mexicano y bajacaliforniano, es consultor, comentarista y articulista en temas de seguridad. Fue agente de la ley y desempeñó cargos como Comisionado de Policía de Tijuana y Secretario de Seguridad Pública del municipio, donde impulsó reformas y estrategias contra el crimen organizado.