Claudia Sheinbaum cumple un año como presidenta de México, lo que invita a reflexionar sobre su gestión en el combate al crimen organizado. Desde 2008, México ha enfrentado una grave epidemia de violencia criminal que ha permitido el crecimiento continuo de múltiples organizaciones delictivas. Estas comprenden tanto cárteles de gran envergadura como mafias regionales y bandas locales. No solo han expandido su territorio, sino que también han diversificado sus actividades ilícitas y han empezado a influir en procesos electorales a nivel local, impulsando candidatos afines y eliminando a aquellos que consideran una amenaza a su poder.
Un factor clave que contribuyó a la elección de Sheinbaum como presidenta fue su éxito como jefa de gobierno de la Ciudad de México en materia de seguridad. Uno de sus logros más destacados fue la reducción a la mitad de los homicidios en cuatro años. Este descenso en la criminalidad también se reflejó en una mejora en la percepción de la población sobre la seguridad. Su enfoque frontal contra la impunidad, promoviendo la colaboración entre las áreas de seguridad y la fiscalía, así como el uso intensivo de la investigación criminal y la inteligencia, fue fundamental.
Al asumir la presidencia, Sheinbaum tuvo que actuar con rapidez y cautela ante dos situaciones urgentes. La primera fue una crisis de violencia en Culiacán que, iniciada en agosto de 2024, tenía el potencial de extenderse. La división del Cártel de Sinaloa en dos grandes grupos podría haber desencadenado un conflicto nacional. Reconociendo la gravedad del problema, Sheinbaum priorizó su atención durante su primer año de gobierno, logrando contener la situación geográficamente.
El segundo gran reto que enfrentó fue el nuevo mandato de Donald Trump, quien comenzó a emitir amenazas arancelarias y a exigir que Sheinbaum actuara contra la migración irregular y el tráfico de drogas. El Departamento de Estado estadounidense había designado a seis cárteles mexicanos como organizaciones terroristas, lo que generaba el riesgo de sanciones para diversas entidades que aparentemente apoyaran a estas organizaciones. A pesar de esta presión, Sheinbaum mantuvo una postura firme, ofreciendo colaboración sin subordinación y rechazando rumores de una posible intervención militar estadounidense.
Sheinbaum respondió a las demandas de Estados Unidos coordinando el envío de 10,000 soldados y logrando la deportación de 55 capos del crimen organizado en dos entregas. Esta acción permitió a México liberar presión sobre su sistema penitenciario y ofrecer a Estados Unidos valiosa información e inteligencia. Además, ha podido resistir las amenazas arancelarias de Trump, convirtiendo a México en uno de los países con menos aranceles impuestos por Estados Unidos desde la llegada de este a la Casa Blanca, gracias a su pragmatismo y los esfuerzos de su gabinete de seguridad, liderado por Omar García Harfuch.
Mientras gestionaba estos complejos desafíos, el equipo de seguridad de Sheinbaum presentó una Estrategia Nacional de Seguridad Pública que se centra en cuatro pilares: abordar las causas de la violencia, consolidar la Guardia Nacional, fortalecer la inteligencia y coordinación absoluta en el gabinete de seguridad y con las entidades federativas. Aprovechando la mayoría de su partido en las cámaras legislativas, impulsó la aprobación de iniciativas que benefician estos ejes de acción.
Es relevante analizar el papel de Omar García Harfuch (OGH) dentro del gabinete de Sheinbaum. OGH es uno de los más cercanos a la presidenta y cuenta con una sólida trayectoria técnica en seguridad. Sus vínculos familiares, como el hecho de que su abuelo fue secretario de Defensa, le han permitido establecer una buena relación con el sector militar. Estas conexiones y su estrecha relación con Sheinbaum han facilitado una coordinación efectiva en el gabinete de seguridad y con los estados.
En conclusión, aunque la gestión de Sheinbaum ha logrado contener la violencia en Culiacán, la reducción significativa de la criminalidad en esa área y otros municipios de Sinaloa aún es incierta. Asimismo, su administración ha demostrado eficacia al evitar un aumento excesivo de aranceles mediante un trabajo destacado en seguridad, cumpliendo con las expectativas de las autoridades estadounidenses. Sin embargo, persisten grandes áreas de oportunidad en la cooperación con Estados Unidos que van más allá de las iniciativas anunciadas, incluidas las acciones contra la extorsión y las desapariciones. Esta agenda sigue siendo prioritaria y relevante en el contexto actual.
Eduardo Guerrero es un consultor de Lantia especializado en seguridad.