Abel Pérez Zamorano

Crisis agrícola en México por el neoliberalismo

En el ámbito económico internacional, la agricultura de México enfrenta una grave crisis marcada por la dependencia alimentaria, el control absoluto de las multinacionales y capital extranjero, el desempleo en el sector rural, y la continua disminución de la superficie cultivada.

En el contexto global, la agricultura mexicana está sumida en una profunda crisis evidenciada por la dependencia alimentaria, el dominio de las multinacionales y del capital extranjero, además del desempleo rural y la disminución constante de la superficie cultivada. Estas problemáticas tienen raíces estructurales, como la baja productividad agrícola y el modelo económico agroexportador neoliberal, que prioriza la obtención de ganancias en cultivos de alto valor comercial. Esto favorece a una élite de capitalistas agrícolas, muchos de ellos extranjeros, en detrimento de la producción de alimentos básicos.

México es el décimo productor mundial de alimentos y el séptimo en exportaciones. Las grandes inversiones agrícolas aprovechan los recursos hídricos nacionales, los impuestos bajos, una regulación ambiental laxa y los bajos salarios de los jornaleros. Sin embargo, las regiones agrícolas más ricas, como el Bajío y el Noroeste, son famosas islas de prosperidad rodeadas por un mar de abandono y sobrevivencia.

A pesar de las cifras impresionantes en la producción de aguacate, berries y otros productos hortofrutícolas que decoran la balanza comercial agroalimentaria, este “éxito” beneficia principalmente a las multinacionales. México es el mayor exportador de cerveza a nivel mundial, pero pocas empresas, como Grupo Modelo y Cuauhtémoc-Moctezuma, dominan el sector, lo que pone en duda la sustentabilidad de dicho éxito.

La crisis y la ineficiencia del sector se reflejan también en el aumento de las importaciones de productos básicos, especialmente desde Estados Unidos, que saturan el mercado nacional y desplazan a los productores mexicanos, dejándolos en desempleo o impulsándolos hacia la emigración o actividades ilícitas. Actualmente, México es el principal importador de maíz global, con cifras de producción alarmantemente bajas, y la superficie cultivada sigue disminuyendo, lo que agrava la situación.

La reducción de la superficie cultivada, así como el aumento de importaciones, derivan de la baja productividad agrícola, altos costos de producción y un escaso rendimiento. Con rendimientos por hectárea en maíz, frijol y arroz que son notablemente inferiores a los de Estados Unidos y China, resulta más viable importar que consumir productos locales. Este rezago tecnológico, acentuado por el atraso histórico del capitalismo mexicano y su dominio internacional, perpetúa la dependencia socioeconómica. Asimismo, la escasez de maquinaria moderna y las altas tasas de propiedad agrícola fragmentada impiden una producción eficiente.

Para enfrentar esta problemática, se requiere una acción urgente. Es fundamental priorizar la producción para el mercado interno, desarrollar un programa nacional de semillas y maquinaria agrícola, y aumentar el financiamiento a pequeños productores a través de una banca de desarrollo revitalizada. La crisis del campo mexicano exige, de manera urgente, la eliminación del modelo económico neoliberal que ha beneficiado a la élite empresarial a expensas de los campesinos.

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