La provincia de Solitario de Madera alberga una serie de murales impresionantes en su interior.
Quienes visiten South Solon, un pequeño pueblo en el estado de Maine, descubrirán un conjunto de frescos que convierten el edificio en un espacio significativo del patrimonio artístico.
La Casa de Reuniones de South Solon fue levantada en 1842 y ha sido utilizada durante décadas para servicios religiosos.

Un grupo de artistas interdisciplinarios, convocados por la Escuela de Pintura de Skowhegan, se encargó de la creación de estas obras.
Durante años, los murales fueron conocidos principalmente por los residentes locales y artistas cercanos, pero un renovado interés surgió gracias a estudiantes de la universidad en Waterville.
El proyecto se inició en 1951, cuando Margaret Day Blake, una exalumna de la Escuela de Skowhegan, encontró el templo en mal estado y propuso restaurarlo.
Para ello, los artistas recibieron formación en el uso de la técnica de fresco, utilizando pinceles y punzones para aplicar los colores en la superficie directamente, una técnica que requiere gran habilidad.

Los murales abarcan todas las paredes del edificio, mostrando escenas vibrantes como el Diluvio Universal y la Última Cena, que incluyen representaciones notables, como la de Abraham preparado para sacrificar a su hijo.
Dos de los trece artistas que trabajaron en el proyecto aún están vivos. Sydney Harwitz, de Newton, Massachusetts, recuerda que “salíamos a pintar y luego almorzábamos en el cementerio detrás del edificio”.
Sigmund Abeles, quien radica en Nueva York, pintó la escena en la que Jacob lucha con un ángel. “Es un lugar muy especial y fue una experiencia única”, expresó al compartir sus recuerdos con los medios.
La historiadora de arte Véronique Plesch también ha estudiado el lugar durante años y lo describe como un espacio que le fascina, reflejando su experiencia y amor por los frescos.
Plesch forma parte de la junta directiva de la Sociedad Histórica, donde se valora la accesibilidad de las pinturas para el público, en oposición a las limitaciones de las instituciones museísticas tradicionales.

El interés por la Casa de Reuniones también ha crecido en el ámbito educativo, generando iniciativas para involucrar a las comunidades locales en su historia y arte.
Suzanne Goulet, profesora de arte en una escuela secundaria cercana, ha mencionado que “la inspiración debemos devolverla a nuestros estudiantes”.