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Después de los cambios en la política comercial del presidente Donald Trump, se instauraron aranceles recíprocos.
Más del 80% de las exportaciones de México se dirigen hacia Estados Unidos, su principal socio comercial, gracias al T-MEC, el tratado de libre comercio que también incluye a Canadá.
A pesar de las restricciones, México no ha quedado exento de los pasos de Trump, ya que también se impusieron tarifas aduaneras sobre los productos de la industria automotriz, el acero y el aluminio.
En este contexto, existe una oportunidad de que México se beneficie del aumento de la producción local, dado que el sector automotriz ha crecido un 5% en el ámbito de las exportaciones.
Desde la perspectiva de México, el país se destaca como un lugar atractivo para inversiones y tiene el potencial de ofrecer ventajas competitivas en el mercado estadounidense, lo que podría incentivar un flujo de inversiones significativas, como resaltan los analistas del Banco Buba.
La posibilidad de revitalizar el “nearshoring”, que implica que las empresas reubiquen sus operaciones más cerca del mercado estadounidense, está sobre la mesa, siempre y cuando el gobierno implemente las políticas adecuadas.
Entre los desafíos, el sector automotriz enfrenta aranceles del 25%, además de gravámenes que afectan la industria del acero y el aluminio. La complejidad de cumplir con las nuevas reglas de origen impulsadas por Trump añade incertidumbre.
El gobierno mexicano ha señalado que en las próximas semanas trabajará para garantizar condiciones favorables para las industrias automotriz y siderúrgica. Sin embargo, las ventajas para México dependerán de la dirección que tomen las políticas económicas internacionales y del comportamiento del mercado financiero, que ha mostrado señales de inestabilidad en días recientes.