El ocaso democrático y la libertad de expresión a finales del siglo XX
Hacia el cierre del siglo XX, México experimentó un avance significativo en la consolidación de la democracia y las libertades civiles. La ciudadanía ejerció su derecho al voto de manera libre y soberana para elegir a sus gobernantes, mientras se abría un espacio inédito de libertad de expresión. Programas de humor y sátira política podían burlarse abiertamente del Presidente, la Primera Dama, secretarios de Estado y la clase política en general sin temor a represalias. Simultáneamente, el Servicio Exterior Mexicano adquirió relevancia global, interviniendo activamente en la toma de decisiones económicas, políticas, sociales, científicas y tecnológicas a nivel internacional. Aunque la consolidación plena quedaba pendiente, la trayectoria era promisoria.
La involución autoritaria durante el sexenio de López Obrador
La llegada de Andrés Manuel López Obrador al poder no solo frenó el desarrollo nacional, sino que revirtió el rumbo democrático. Su principal legado fue moldear el Estado a imagen y semejanza de su figura, edificando una autocracia reminiscente del antiguo PRI, pero con tintes más maquiavélicos, diseñada para perpetuar a su estirpe en el poder. Facilitada por la inoperancia de la oposición, se impuso una sucesión mediante una simulación interna, con la convicción de que su persona y legado permanecerían inmunes a toda rendición de cuentas legal.
Dismantelamiento de contrapesos y militarización del Estado
Se procedió a la eliminación y absorción de los organismos autónomos; los que subsisten —como el INE, la CNDH y la FGR— son dirigidos por perfiles afines al partido oficial, al igual que la Suprema Corte de Justicia y el Congreso de la Unión. La infraestructura nacional y la seguridad pública quedaron bajo la tutela del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional. Entidades fiscalizadoras y reguladoras incómodas para el Ejecutivo, tales como el INAI, el IFT y la CRE, fueron suprimidas. La persecución contra periodistas, comunicadores, activistas y disidentes alcanzó niveles característicos de regímenes dictatoriales, con asesinatos, encarcelamientos y desapariciones forzadas, sentando las bases para una dictadura (im)perfecta donde la voluntad presidencial se impone como ley suprema.
El factor Trump como contrapeso externo inesperado
Dos años después, la administración sucesora enfrenta su etapa más crítica, agravada por la irrupción de Donald Trump como contrapeso internacional imprevisto. La imposición de aranceles, las deportaciones masivas y la designación de cárteles del narcotráfico como organizaciones terroristas complican el panorama. No obstante, el gobierno intenta replicar la vieja estrategia priísta de inventar un enemigo externo —el “Masiosare” de turno, sea estadounidense, español o cualquier foráneo— para cohesionar a la población bajo la bandera de la “soberanía nacional”, utilizada como instrumento de propaganda y distracción.
La cloaca de corrupción y la presión internacional
La presión ejercida por el Gobierno de Estados Unidos ha destapado la red de corrupción que se enquistó en todos los estratos de la administración anterior. Las acusaciones de colusión entre el crimen organizado, figuras clave de Morena, mandos de las Fuerzas Armadas y el círculo íntimo del expresidente están cobrando fuerza y credibilidad. La arrogancia y el abuso de poder han generado un entorno de alta volatilidad y peligro para la actual mandataria, erosionando los cimientos de su gobernabilidad.
La lucha intestina por el control del poder real
La historia mexicana dicta que el poder no se comparte, se ejerce; tradicionalmente, el expresidente guardaba silencio so pena de exilio diplomático, como ocurrió con Díaz Ordaz o Echeverría. Hoy, Morena se halla fracturada en dos facciones: los leales a AMLO y los alineados con la Presidenta. El regreso de Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa, la revocación de visas a políticos que devienen informantes de EE. UU. y la pretensión de validar la soberanía mediante simples misivas, debilitan la investidura presidencial. La mandataria se ve obligada a robustecer su autoridad si pretende evitar la pérdida del control político, pues en México solo cabe una Presidenta y quien sirve a dos amos, con uno queda mal.
Perspectivas: entre la autonomía nacional y la subordinación interna
El escenario actual dibuja una encrucijada definida por la tensión entre la retórica soberanista frente a potencias extranjeras y la sumisión real ante los caudillos internos. La supervivencia del proyecto político en curso depende de la capacidad de la Jefa del Ejecutivo para romper las ataduras del pasado inmediato, sanear las instituciones cooptadas y demostrar que el poder emana efectivamente de la investidura constitucional y no de la voluntad de un líder carismático en retiro. La ciudadanía observa si la alternancia en la titularidad del poder se traduce, finalmente, en un cambio de régimen o en la mera continuación del autoritarismo bajo nuevas siglas.