La falta de transparencia, los sobrecostos y las denuncias de extorsión han posicionado a Tijuana como el epicentro de un nuevo enfrentamiento político entre el Congreso de la Unión y el gobierno municipal.
Mexicali, Baja California.- La rehabilitación del malecón de Playas de Tijuana ha dejado de ser un simple proyecto urbano, convirtiéndose en un tema de interés nacional, ya que las acusaciones relacionadas con la obra han alcanzado al Congreso de la Unión.
El diputado federal César Damián Retes ha llevado este asunto al centro del debate, demandando al gobierno municipal de Tijuana, liderado por Ismael Burgueño Ruiz, un informe completo sobre el estado actual de la obra, sus costos, avances y fecha de culminación.
La exigencia es significativa: se trata de esclarecer un proyecto que, según documentos disponibles, ha pasado de una inversión inicial cercana a los 200 millones de pesos a estimaciones que superan los 300 millones, sin una explicación pública clara. Pero el cuestionamiento va más allá de un simple número; es una interrogante profunda planteada por el Diputado Retes que exige respuesta: ¿qué ocurre cuando la obra pública carece de claridad en una ciudad cuya economía depende del constante flujo comercial y turístico?
El diputado enfatiza que Playas de Tijuana no es solo un punto en el mapa, sino un espacio simbólico y económico que sirve de encuentro para miles de familias y es un atractivo turístico debido a su cercanía con el muro fronterizo, constituyendo una fuente importante de ingresos para pequeñas y medianas empresas.
La demora en la obra ha causado un efecto dominó, llevando a una caída en las ventas de los comercios locales y generando incertidumbre sobre la viabilidad de los microempresarios ante la falta de apoyos claros. Retes ha solicitado información sobre cuántos negocios se han visto perjudicados y qué medidas se han adoptado para contrarrestar el impacto económico.
La intervención de César Damián no es casual. Recientemente, ha articulado un discurso más amplio que aborda un problema estructural, caracterizado por denuncias sobre redes de extorsión y cobro de piso, así como el uso de normativas como herramientas de recaudación e instrumentos de coacción. Estas afirmaciones se conectan con la percepción predominante de que en Baja California, las empresas enfrentan no solo riesgos de seguridad, sino también cargas burocráticas que pueden volverse arbitrarias.