La presidenta Claudia Sheinbaum esperó casi un año para imprimir su sello personal en la elección de nuevos embajadores en posiciones clave. El 19 de este mes, decidió romper ese estancamiento al designar a Gnaro Lozano como embajador en Italia, un activista destacado del movimiento por la diversidad sexual.
Este gesto diplomático es considerado, de manera inevitable, como un desaire para el gobierno de la premier italiana, Giorgia Meloni, una figura ultraconservadora y aliada de Donald Trump en una Europa que parece inclinarse hacia posturas cada vez más regresivas en derechos humanos.
El nombramiento de Lozano Valencia, quien posee una sólida formación académica pero carece de experiencia en el servicio exterior, se interpreta bajo dos ópticas: desde una perspectiva ideológica sobre la política internacional desde Palacio, y como una reafirmación de la intuición y disciplina de Sheinbaum Pardo, quien ha logrado contener los arrebatos de Washington.
Este episodio, considerado un ejercicio de diplomacia fuerte, abrirá nuevas interpretaciones de acuerdo a cómo se manejen temas más delicados en la relación bilateral con Estados Unidos y en Latinoamérica.
Se conoce poco sobre cómo la cancillería mexicana, dirigida por Juan Ramón de la Fuente, obtuvo el necesario beneplácito de Roma para la designación de Lozano. Se presume que el pronóstico es que la premier Meloni enfrenta resultados desfavorables en elecciones regionales, lo que podría complicar su posible reelección en 2027.
Meloni, que asumió el gobierno italiano en 2022, es una figura controversial que ha estado ligada a agrupaciones neofascistas desde su juventud. Durante una cumbre de líderes europeos en la Casa Blanca, fue elogiada por Trump como “una amiga respetada”, y ella reciprocó al declarar que están “del mismo lado” contra la ideología ‘woke’ y la diversidad.
El nombramiento de Lozano llega tras la salida de Carlos García de Alba, un diplomático de carrera con casi 20 años de experiencia. La rapidez del proceso ha generado críticas en el Congreso. Independientemente de las opiniones, el “asunto Lozano” influirá en las negociaciones con el gobierno de Trump respecto al “Acuerdo de seguridad”, cuyas dimensiones y regulaciones aún son inciertas.