La escritora mexicana Alma Delia Murillo siente una obligación de abordar en su obra temas como la desigualdad, la violencia y el narcotráfico, así como la preocupante “emergencia” de los desaparecidos en México. Su motivación proviene de la ira y la emoción, con el objetivo de que más personas sean conscientes de esta grave situación y que se mantenga viva la memoria.
Durante su participación en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Panamá, Murillo presentó su novela Raíz que no desaparece (Alfaguara, 2025). En una entrevista, comentó que cada autor debe encontrar su propio rol en la literatura. En su caso, expresó: “En un país como México, donde existe tanta desigualdad y crisis, escribir desde esta realidad es inevitable”.
“Escribo con una profunda rabia y muchas emociones”, enfatizó la autora.
La novelista señaló que el término “víctima” ha perdido su significado y deshumaniza, ya que los partidos y gobiernos lo utilizan para crear comisiones que no resuelven el problema real de la violencia. Criticó la “perversa” institucionalización de la violencia, que espera que las víctimas sean “puras y perfectas”.
Murillo, quien define a México como un país con un 75 % de su territorio cubierto por fosas clandestinas, considera que hay una “falta de lenguaje” en los ámbitos político, institucional y académico.
Su novela Raíz que no desaparece surge de esta carencia comunicativa, alejándose de enfoques “puramente racionales” y de las ideologías de los partidos políticos, para descifrar los sueños de las madres buscadoras que anhelan encontrar a sus hijos desaparecidos.
Este libro toca la crisis de desapariciones en México, resaltando que más de 132.800 personas han sido reportadas como desaparecidas desde mediados del siglo XX, con un aumento alarmante desde 2006. Al abordar esta cuestión, Murillo busca que exista memoria, especialmente debido a los intentos de borrar las bases de datos oficiales de desaparecidos.