Los resultados de la ENIGH 2024 validan una expectativa esperada: las políticas laborales y sociales implementadas en los últimos años han tenido un impacto real y cuantificable en la vida de los hogares más vulnerables. Por primera vez en mucho tiempo, los datos no solo reflejan un aumento en el ingreso promedio, sino también una disminución notable en la desigualdad y una reducción de la pobreza.

De 2016 a 2024, la participación del 10% más adinerado de la población en el ingreso total disminuyó de 36.4% a 30.3%, mientras que el 10% más desfavorecido incrementó su participación de 1.8% a 2.2%. Estos son aumentos relativos significativos en un período tan corto de tiempo. El ingreso de los más pobres no solo ha aumentado, sino que ha crecido más rápidamente que el de otros grupos. Esto es evidencia clara de que las políticas de aumentos salariales, regulación laboral y expansión de programas sociales han tenido efectos redistributivos concretos.

Reducir la desigualdad y la pobreza es un objetivo en sí mismo, alcanzado gracias a la intervención estatal en la economía. Como resultado, los ingresos obtenidos del trabajo han crecido más que los provenientes de la propiedad.

Este enfoque es, además, financieramente sostenible. Las políticas distributivas no llevaron a la desestabilización de las finanzas públicas, como ocurrió en los años 80. Se ha desmentido la creencia de que transferencias más generosas, aumento del salario mínimo y estricta regulación de derechos laborales provocarían inflación y afectarían la competitividad económica. Por el contrario, el crecimiento que experimentará la economía mexicana este año, a pesar de los retos comerciales globales, se debe en gran medida al aumento en la capacidad de consumo nacional, facilitado por el incremento de ingresos, especialmente entre los sectores de menores recursos.

Aún así, se enfrentan importantes desafíos en el futuro. Con la definición de nuevas normas del comercio global, México debe aspirar a tasas de crecimiento más elevadas, como se indica en el Plan México, aprovechando industrias donde tenemos ventajas comparativas arancelarias y capacidades desarrolladas, tales como la farmacéutica, insumos médicos, electrónica, electrodomésticos, química, electromovilidad y la cadena de semiconductores. También es crucial revitalizar industrias donde se puedan sustituir importaciones, como el sector textil y de calzado, y fomentar otras con alto potencial, como la agroindustrial y la economía circular.

Los datos también indican que la desigualdad regional continúa siendo un problema. El ingreso promedio de los estados más ricos es casi tres veces mayor que el de los más pobres. Esto requiere la creación de empleos de calidad en nuevas áreas del país, promoviendo una política industrial regional que incentive la inversión y el desarrollo de actividades de mayor valor agregado. El gobierno ha propuesto, con este objetivo, el desarrollo de polos en regiones que puedan generar mejores empleos en lugares que no han estado integrados en las cadenas globales de valor.

Es esencial continuar con un crecimiento inclusivo para consolidar los logros obtenidos y ofrecer mayores y mejores oportunidades laborales a nivel nacional.

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