Fuente de la imagen, Andrei Fadeev
Un lago peculiar conocido como Lago Nuclear se encuentra al oeste de los montes Urales en Rusia, y es notable por ser de difícil acceso. Los viajeros deben trasladarse en barco hacia el norte por los ríos Kolva y Visherka, comenzando su travesía en la ciudad de Nyrob, lugar donde los zares enviaban a sus adversarios políticos al exilio.
Con una anchura de aproximadamente 690 metros, el lago carece de conexión directa con las muchas vías fluviales que lo rodean. La última parte del viaje requiere caminar a través de un sendero pantanoso, acompañado de señales oxidadas que indican la presencia de “zona de peligro de radiación”, donde se prohíbe la perforación y construcción. Montículos de tierra rodean el lago, creando un paisaje singular.
Andrei Fadeev, un bloguero ruso, comparte su experiencia al visitar el Lago Nuclear durante un soleado día de verano en 2024, describiendo el agua como transparente. A pesar de su dosímetro mostrando niveles inusuales de radiación, afirma que la atmósfera se sentía segura y que el entorno natural ha recuperado su vitalidad.
La creación del Lago Nuclear data de 1971, resultado de la detonación simultánea de tres dispositivos nucleares enterrados en el suelo. Con potencia equiparable a la bomba lanzada sobre Hiroshima, este experimento, conocido como “Taiga”, formó parte de un ambicioso programa soviético que buscaba realizar explosiones nucleares con fines pacíficos.
Esta serie de explosiones pretendía excavar un canal masivo que uniría las cuencas de los ríos Pechora y Kama, permitiendo desviar parte de las aguas del Pechora hacia el sur. Planes similares contemplaban reorientar grandes flujos hídricos a través de Siberia, generando propuestas ambiciosas para manejar los recursos hídricos de la vasta región.
Años más tarde, Leonid Volkov, científico que participó en las explosiones de la Taiga, recordaría lo impresionante de aquellas detonaciones, aunque, a pesar de los esfuerzos por minimizar la lluvia radiactiva, se registraron pérdidas de radiactividad en territorios tan lejanos como Estados Unidos y Suecia, que protestaron ante el gobierno soviético.
Hoy en día, el Lago Nuclear continúa siendo una curiosidad turística olvidada en gran medida, pero también representa un vestigio tangible de uno de los últimos grandes proyectos de la Unión Soviética, recordando la ambición de transformar los recursos naturales para sostener el desarrollo agrícola en regiones más áridas.