Larry Rubin, presidente de la American Society of Mexico, fue el anfitrión de una cena el sábado en honor al nuevo embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson. Este evento tuvo lugar en un momento crítico para las relaciones entre ambos países y se percibió como un acto de injerencia.

Sobre la gala, es relevante señalar que contó con el patrocinio de diversas empresas, y el costo del boleto de entrada ascendía a aproximadamente 200 dólares. La pareja del embajador fue la invitada de honor, y el evento tuvo lugar en el Camino Real de Polanco. Se solicitó vestimenta formal y no se permitieron discusiones sobre la asignación de mesas.

Es importante distinguir entre embajadores y presidentes, así como reconocer que algunos momentos son tan graves que poco se parecen a la normalidad; situaciones que evocan recuerdos ingratos que demandan una especial atención.

México enfrenta el desafío de una Casa Blanca que muestra un intervencionismo descarado, trata con desdén a su vecino y presenta una diplomacia engañosa. Mientras Donald Trump ofrece palabras amables a Claudia Sheinbaum, sus decretos buscan menoscabar la autoridad de la presidenta.

El mandatario estadounidense y su equipo han hecho acusaciones infundadas contra una jefa de Estado que intenta estar a la altura de un momento histórico en una región que hace más de treinta años contempló una integración comercial.

Nada de esto ha tenido repercusiones. Ni el enfoque cauteloso ni las concesiones de la parte mexicana han logrado derogar aranceles, ni aplacar el deseo de Trump y sus aliados de imponer demandas y juzgar unilateralmente su cumplimiento.

Es fundamental señalar que la economía mexicana no es el único aspecto afectado por estos arbitrarios aranceles; Trump representa una amenaza más amplia para millones de mexicanos en Estados Unidos, así como un riesgo para el sustento de las familias mexicanas.

Cualquiera que se queje de la incertidumbre económica provocada por las tarifas impuestas debería también condenar el acoso injustificado hacia los migrantes, dignos trabajadores que son tratados como delincuentes.

Este es el contexto en el que tuvo lugar la cena del sábado en homenaje al representante de Trump en México, un exagente de la CIA, un boina verde y amigo de Nayib Bukele.

Además, el sábado temprano, Trump amenazó con imponer aranceles del 30% y criticó a la presidenta por no luchar adecuadamente contra el tráfico de drogas, un reproche inaceptable en su forma y fondo.

A pesar de esto, el evento se llevó a cabo. Aunque el mensaje del embajador no fue particularmente contundente, la cena tomó otro rumbo debido a las intenciones de Larry Rubin.

El mismo anfitrión habló extensamente y en sus declaraciones destacó varios puntos, dos de ellos son: la idea de que cualquier desvío de la alianza con EE.UU. sería un riesgo político grave y un error estratégico, y la necesidad de cumplir cabalmente con lo pactado en el T-MEC.

Rubin enfatizó que se requiere una cooperación efectiva para combatir el crimen organizado y que el futuro de la relación debe sustentarse en resultados tangibles y no en meros discursos.

Por otro lado, es pertinente cuestionar desde qué posición habla Rubin sobre las acciones o inacciones del gobierno mexicano, dado que se identifica como mexicoamericano pero parece haber puesto sus fichas en un solo lado.

Rubin interpela a la presidenta mientras reclamos similares sobre Washington no se evidencian. Esto genera dudas sobre sus motivos y su conexión con los intereses presentes en la cena, ya que hay organizaciones de empresarios que tienen sus propios lazos con Sheinbaum.

Al final, Rubin pide resultados y no discursos, planteando una analogía con la crítica a Washington, que no siempre es bien recibida en EE.UU. Se espera que la próxima gala en 2026 continúe con este patrón, donde se hable más de lo que hace mal México que de lo que Washington omite.

Así, se plantea una reflexión sobre la dualidad de las críticas; hay mexicanos que critican a otros mexicanos, en un contexto donde la libertad de expresión es valorada, pero donde las críticas hacia el presidente estadounidense pueden no ser tan fáciles de expresar.

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