En su mensaje a los superiores generales, consejos y miembros de diversas congregaciones religiosas que se reunieron en Capítulos y Asambleas, el Papa ha compartido su alegría y agradecimiento por el importante servicio que llevan a cabo en la Iglesia y en la sociedad.
Patricia Ynestroza-Castel Gandolfo
El Papa León XIV recibió en Castelgandolfo a superiores y superioras generales, así como a miembros de consejos y representantes de varias congregaciones religiosas, entre las que se encuentran el Instituto Pontificio para las Misiones Extranjeras (PIME), las Hermanas filipinas, la orden de las Maestras Pías Venerinas, las Hijas de la Iglesia, los Salesianos Oblatos del Sagrado Corazón, las Hermanas Franciscanas Angeline, el Instituto Oblato de Jesús y María, y las Hijas de María Religiosas de las Escuelas Pías (Escolapias).
El Papa ha expresado su cercanía y agradecimiento a aquellos que, a través de su vida consagrada, siguen aportando de manera silenciosa pero vital al bienestar de la Iglesia y de la sociedad. Destacó la riqueza y diversidad de los carismas heredados de los fundadores y fundadoras de los diferentes institutos religiosos, enfatizando que estos dones son esenciales para la edificación del Cuerpo de Cristo.
Actualizar el carisma ante los desafíos contemporáneos
Durante sus reflexiones, el Papa animó a los religiosos a revisar y actualizar sus carismas frente a los nuevos desafíos, con la guía del Espíritu Santo y en comunión con los pastores de la Iglesia. Les instó a mantener vivo el espíritu misionero, a imitar los sentimientos de Cristo, fomentar la esperanza y promover la paz, destacando la importancia de ser parte de un gran proyecto de salvación que Dios desea para toda la humanidad.
“Recordar juntos estas orientaciones nos ayuda a valorar la riqueza de nuestro ser comunidad, especialmente como religiosos comprometidos en la maravillosa aventura de seguir a Cristo más de cerca”, subrayó.
Una Iglesia en salida, una familia universal
El Papa también invitó a los religiosos a mirar más allá de sus propias realidades, percibiendo su vocación como un fragmento de un gran mosaico que Dios está creando para unir a toda la humanidad en una sola familia. “Esto debe renovar en todos nosotros la conciencia y la alegría de ser Iglesia”, manifestó, alentándolos a pensar en grande, soñar con valentía y reconocer que cada uno es un eslabón único en el plan de salvación de Dios.
Según el Pontífice, ese espíritu fue el que impulsó el nacimiento de los institutos religiosos y debe ser el horizonte hacia el cual deben dirigirse todos sus esfuerzos. “Para que, a través de pequeñas luces, se disemine por toda la tierra la luz de Cristo, que nunca se apaga”, expresó, aludiendo al canto del Pregón Pascual que celebra la victoria de Cristo sobre las tinieblas.
Docilidad al Espíritu Santo
Finalmente, el Papa agradeció a los religiosos por su dedicación y fidelidad en diversas partes del mundo, pidiendo al Señor que les conceda docilidad al Espíritu Santo, recordándoles que, incluso en la debilidad humana, es Dios quien enseña y guía.
“Gracias por vuestro trabajo y por vuestra presencia leal en tantas partes del mundo. Os bendigo de todo corazón y rezo por vosotros”, concluyó el Papa en su mensaje lleno de esperanza y confianza en la labor de la vida consagrada.