Pie de foto, Kara Corcoran comenzó su servicio en el ejército de EE.UU. en 2008 y se retiró diez años después.

Kara Corcoran, con 39 años, se encontraba a poco de graduarse en un programa de liderazgo militar de élite tras 17 años de servicio en el Ejército de EE.UU.

Sin embargo, dos días antes de la ceremonia, fue informada de que debía cumplir con las normativas masculinas, lo que implicaba utilizar un uniforme masculino y cortarse el cabello rubio que había dejado crecer desde que, en 2018, se identificó como mujer ante el ejército.

Esta directiva se originó en el Pentágono y fue difundida a través de su cadena de mando en Fort Leavenworth, Kansas.

“No tengo nada de masculino en mí, pero me obligan a cumplir normas masculinas únicamente para que pueda participar en la ceremonia”, expresó. “No elijo cortarme el pelo; me veo forzada a hacerlo”.

Corcoran es una entre miles de personas trans afectadas por la prohibición impuesta por el presidente Donald Trump, quien en enero comunicó que estas no podrían servir en el ejército estadounidense.

Cambios de política en el ejército

La nueva normativa considera que tener un historial de disforia de género es “incompatible con los altos estándares mentales y físicos requeridos para el servicio militar”.

La orden ejecutiva resumió la visión de Trump, argumentando que las fuerzas armadas estaban influenciadas por una “ideología de género radical”. Esta política tenía como objetivo asegurar que el personal estuviera “libre de condiciones médicas que podrían requerir tiempo prolongado fuera del servicio para tratamientos o hospitalizaciones”.

Una encuesta de Gallup reveló que un 58% de los estadounidenses está a favor de que las personas transgénero sirvan en el ejército, aunque el apoyo ha disminuido desde el 71% en 2019.

Desafíos en la carrera militar

Corcoran ha dedicado casi toda su vida adulta al servicio militar. Sus misiones incluyeron un periodo en Afganistán, donde fue líder de pelotón y comandante de compañía, identificándose como hombre antes de su transición.

Desde su transición, ha cambiado legalmente su nombre y género, y se presenta con pronombres femeninos.

Desde 2016, se permitió que personas trans sirvieran, pero la política ha cambiado considerablemente con el tiempo, avanzando de la prohibición a la aceptación y volviendo a la prohibición actual.

Incertidumbre y decisiones personales

La comandante Corcoran se enfrenta a la posibilidad de ser separada involuntariamente del servicio; un proceso que atenta contra su voluntad y podría afectar su salud financiera.

Ella ha expresado que “no estoy dispuesta a aceptar una separación voluntaria; enfrentaré el proceso de separación involuntaria y registraré aquí lo que pase”.

El Departamento de Defensa ha indicado que su salida bajo estas circunstancias implicaría una drástica reducción en sus beneficios, incluyendo pensiones y asistencia médica.

El futuro de Kara Corcoran

Aún espera noticias sobre su posible separación. Mientras, ha transformado su auto en un hogar móvil con todas las comodidades necesarias a bordo, preparándose para cualquier eventualidad.

Corcoran, al graduarse con honores bajo estas normas restrictivas, manifestó que lograba su objetivo, aunque esto implicaba una negación a su propia identidad. “Es doloroso que el servicio de una vida entera se vea deslegitimado por algo que realmente no determina mi capacidad”, concluye.

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