La disputa por la Presidencia de Brasil entra en su semana decisiva con un panorama que ha virado notablemente: la ventaja inicial de Flávio Bolsonaro tras la primera vuelta se ha diluido, situando a Luiz Inácio Lula da Silva en una posición de empate técnico. Según el último sondeo de Datafolha, la diferencia entre ambos aspirantes es de apenas dos puntos (51 % frente a 49 %), lo que convierte a los indecisos y a la tasa de abstención —la más alta desde 1998 con un 21 %— en factores determinantes para el balotaje.
Lula ha dominado la agenda reciente mediante una batería de medidas económicas y laborales de alto impacto electoral. La promulgación de la enmienda constitucional que reduce la jornada semanal de 44 a 40 horas sin merma salarial, junto a la creación de dos días de descanso remunerado, constituye el eje central de esta estrategia. A ello se suman la condonación de deudas para microemprendedores, la promesa de transporte público gratuito los fines de semana, el incremento de subsidios para sectores vulnerables, subvenciones a combustibles, líneas de crédito para taxistas y ayudas para evitar la deserción universitaria.
Reacción y giro discursivo del rival
El paquete de bondades obligó a Flávio Bolsonaro a rectificar su postura inicial contraria a la reducción horaria, terminándola por respaldar al argumentar que «el pueblo lo estaba pidiendo». No obstante, el candidato de la ultraderecha ha centrado su réplica en cuestionar la viabilidad financiera de las propuestas rivales, tachando al mandatario de «mentiroso» y advirtiendo de la imposibilidad de sostener tales compromisos fiscales.
Seguridad pública: campo de batalla legislativo
La seguridad emerge como el otro gran tablero de juego. Lula impulsa en el Congreso la creación de un Ministerio de Seguridad Pública antes de la segunda vuelta, buscando arrebatar la bandera a su oponente. Flávio Bolsonaro condiciona su apoyo a incluir la reducción de la imputabilidad penal de 18 a 14 años para delitos graves, mientras que el Partido de los Trabajadores (PT) contrapropone bajarla solo a 16 años. Este desacuerdo mantiene paralizada la iniciativa; datos de la Universidad Federal de Minas Gerais indican que la propuesta bolsonarista afectaría al 57 % de los adolescentes en régimen de privación de libertad, frente al 10 % de la oficialista.
Recta final: debates y estrategia de ataque
La campaña afronta su tramo final con dos debates televisados (domingo y viernes) y una escalada de confrontación directa. Desde un multitudinario mitín en la Avenida Paulista de São Paulo, Flávio Bolsonaro prometió «refregarle» a Lula sus supuestos delitos durante el primer encuentro, limitando su intervención a cinco minutos para preservar la voz. El aspirante, hijo del expresidente Jair Bolsonaro —condenado a prisión domiciliaria por golpismo—, lanzó la consigna: «Brasil está sin presidente, pero por poco tiempo», elevando la temperatura del duelo a una semana de las urnas.