Tercera edición del curso de fotografía astronómica en San Pedro Mártir
Del 11 al 14 de septiembre se desarrolló el III Curso de Fotografía en el Observatorio Astronómico Nacional de San Pedro Mártir (OAN-SPM), convocatoria que reunió a once alumnos procedentes de la Ciudad de México. Según informó Erica Lugo Ibarra, gerente de proyectos del recinto y miembro del comité organizador, la actividad estuvo abierta al público general con cupo limitado, dirigida tanto a aficionados como a profesionales de la imagen interesados en especializarse en astrofotografía.
Objetivo formativo: conservación de cielos oscuros y biodiversidad
El propósito central del taller trasciende la técnica fotográfica para enfocarse en la sensibilización ambiental. Durante las jornadas se busca concienciar a los participantes sobre la importancia de preservar los cielos oscuros, un recurso esencial para la astronomía, así como la conservación de la flora, fauna y los ecosistemas de la sierra de San Pedro Mártir. El programa combina sesiones teóricas y prácticas diurnas y nocturnas a lo largo de tres días, estructurando primero los contenidos de conservación para luego profundizar en el perfeccionamiento de las habilidades técnicas.
Equipo docente de alto nivel científico y artístico
La instrucción estuvo a cargo de dos especialistas con perfiles complementarios. Ilse Plauchu Frayn, astrónoma residente en el observatorio dedicada al estudio de galaxias e instrumentación astronómica, aporta una visión científica avalada por publicaciones en National Geographic y otros medios de prestigio internacional. Por su parte, Javier Alonso Hernández Landa, ingeniero electromecánico del OAN-SPM, fusiona su labor técnica diaria con una mirada fotográfica enfocada en la temática ambiental, la cual le ha valido reconocimientos en el ámbito de la imagen de naturaleza.
Convocatoria permanente y logística integral para los asistentes
Lugo Ibarra detalló que en el portal web del Instituto de Astronomía de la UNAM se publican dos convocatorias anuales: una semestral y otra de carácter anual como la recién concluida. La intención es consolidar este ejercicio de forma permanente, con planes para ampliar el cupo actual de doce estudiantes. La inscripción cubre una estancia de tres días con acceso al observatorio, impartición de clases, material didáctico, hospedaje, alimentación y la entrega de una constancia oficial de participación.
Perfil diverso de participantes y alcance nacional
La procedencia de los asistentes refleja un interés heterogéneo: en esta edición predominaron visitantes de la capital del país, aunque en ediciones previas se han registrado alumnos de Guadalajara, Monterrey y otras entidades federativas. La participación de residentes de Baja California ha sido menor, posiblemente debido a la facilidad logística para acceder al observatorio de forma independiente. Los perfiles profesionales son variados, incluyendo integrantes de la industria, sector gubernamental, personas jubiladas o en proceso de retiro, así como guías y operadores turísticos unidos por la fotografía como pasatiempo común.
Cesión de imágenes para el acervo institucional de la UNAM
Como contraprestación formativa, la organización invita a los estudiantes a compartir sus capturas para enriquecer el acervo fotográfico de la UNAM. Este banco de imágenes se utiliza posteriormente en la difusión institucional: publicaciones de eventos, elaboración de calendarios, material para entrevistas y demás necesidades de comunicación visual de la universidad, generando así un archivo histórico y artístico de alto valor.
Autofinanciamiento para proyectos de conservación y manejo de fuego
Finalmente, la gerente de proyectos subrayó que los recursos económicos generados por el curso tienen una destino específico: recaudar fondos para programas conjuntos entre el Observatorio y el Parque Nacional Sierra de San Pedro Mártir. Estas aportaciones financian directamente el plan de conservación, estrategias de manejo de fuego y acciones de educación ambiental. Dichas actividades, junto con diversas maniobras operativas anuales, requieren presupuesto propio, por lo que el taller se consolida como una herramienta clave para el cumplimiento de los objetivos de sostenibilidad del enclave.