El embajador Johnson vincula el 11-S con la amenaza de los cárteles en ceremonia conmemorativa
Durante el acto por el 25 aniversario de los atentados del 11 de septiembre, celebrado en la Embajada de Estados Unidos en Ciudad de México, el embajador Ronald Johnson estableció un paralelismo directo entre el terrorismo de 2001 y la actual peligrosidad de los cárteles del narcotráfico que operan en territorio mexicano. La ceremonia incluyó cuatro ofrendas florales —una por cada avión secuestrado— en memoria de las 2,977 víctimas fatales, y rindió tributo a los “héroes que respondieron al llamado”: bomberos, policías, personal médico y ciudadanos que actuaron en medio de la tragedia.
El gesto de Los Topos como puente diplomático
Un momento central del discurso fue el reconocimiento explícito al grupo de rescate mexicano Los Topos, quienes viajaron a Nueva York en 2001 para colaborar en la búsqueda entre los escombros del World Trade Center. Johnson enfatizó que esta acción no obedeció a tratados ni acuerdos económicos, sino a la solidaridad intrínseca de “vecinos que ayudan a sus vecinos”, definiendo ese gesto como un pilar que permanece en el corazón de la relación bilateral y utilizándolo como transición hacia su mensaje principal sobre el crimen organizado.
Designación de grupos terroristas y fricción bilateral
El embajador defendió la designación de organizaciones como el Cártel de Sinaloa, el Cártel Jalisco Nueva Generación, el del Golfo, el del Noreste, La Nueva Familia Michoacana y Cárteles Unidos como grupos terroristas. Esta clasificación, que habilita sanciones financieras y bloqueo de activos, ha generado un rechazo frontal por parte del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien advierte que no debe servir de pretexto para una intervención militar o violación de la soberanía nacional.
Blindaje constitucional y postura de “colaboración sin subordinación”
Como respuesta estructural, la administración mexicana impulsó una reforma al artículo 40 constitucional para fortalecer el principio de no injerencia extranjera. Sheinbaum ha reiterado que la relación bilateral debe regirse por la “colaboración y coordinación, nunca subordinación”, fundamentada en ejes como el respeto a la integridad territorial, la responsabilidad compartida y diferenciada, y la confianza mutua.
Escalada retórica: Rubio y la respuesta de Sheinbaum
La tensión escaló tras las declaraciones del secretario de Estado Marco Rubio, quien desde Quito calificó de insuficientes los esfuerzos mexicanos contra el narcotráfico, señalando zonas con control territorial criminal y describiendo a México como “la cabeza de la serpiente”. La mandataria respondió con dureza en su conferencia matutina: “México no es piñata de nadie. A México se le respeta”, atribuyendo los señalamientos al contexto electoral estadounidense de noviembre y exigiendo que no se use al país en campañas políticas.
Contradicciones en la cooperación de seguridad
Sheinbaum reprochó la volatilidad del discurso estadounidense, que alterna el reconocimiento a la cooperación con críticas severas por resultados considerados insuficientes, una contradicción que erosiona la confianza. La presidenta insistió en que la cooperación en seguridad debe mantenerse bajo estricto apego a la soberanía, rechazando cualquier dinámica que implique subordinación.
Herramienta de presión y riesgo de acción unilateral
Analistas y el propio gobierno mexicano interpretan la designación terrorista como un instrumento de presión geopolítica que trasciende lo jurídico, abriendo la puerta a interpretaciones que podrían justificar acciones unilaterales. Este riesgo fue explicitado por el propio Johnson durante su ratificación en el Senado, cuando no descartó una acción militar en suelo mexicano sin previo aviso si peligra la vida de un ciudadano estadounidense, resumiendo la dicotomía entre el discurso de amistad y la doctrina de seguridad nacional de Washington.