Las adicciones reflejan el fracaso de un mundo deshumanizado
Durante el encuentro organizado por la Pontificia Comisión para América Latina en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico Vaticano, el Papa León XIV calificó las adicciones como un fenómeno complejo que evidencia el colapso de una sociedad deshumanizada. El congreso, desarrollado bajo el lema Respuesta basada en la fe a las drogas y al reclutamiento criminal de jóvenes: un diálogo desde América Latina y el Caribe hacia el mundo, reunió a expertos y pastores del 25 al 27 de agosto para abordar esta crisis desde una perspectiva integral, poniendo el foco en el sufrimiento de las nuevas generaciones.
Ejes fundamentales para una respuesta integral
El Pontífice subrayó que el dolor de los jóvenes exige soluciones globales que articulen la prevención comunitaria, la atención científica rigurosa, una justicia con rostro humano y un acompañamiento pastoral cercano. La misión de la Iglesia, afirmó, no es sustituir a las instancias técnicas, sino contribuir al cuidado, la presencia activa y la reconstrucción del tejido social fragmentado por el consumo de sustancias y la violencia asociada.
Cuatro puentes de colaboración institucional
León XIV identificó cuatro vías de sinergia indispensables. La primera une a la Iglesia con organismos internacionales como la OEA, la CICAD, la INL, el CELAM y la PLAPA, reconociendo que ninguna entidad puede enfrentar sola el narcotráfico y sus consecuencias. La segunda tiende un lazo entre fe y ciencia: la labor eclesial no compite con las neurociencias, la psiquiatría ni la salud pública, sino que ilumina el abordaje técnico con una visión integral de la persona humana desde el Evangelio.
Dimensión continental y ecuménica del compromiso
El tercer puente proyecta la experiencia latinoamericana hacia Asia, África y Europa, integrando a centros de prevención, recuperación e inserción fundados en la fe. El cuarto vínculo es de carácter ecuménico: la Iglesia católica y otras comunidades cristianas hallan en el amor concreto hacia los que sufren un lenguaje común elocuente para acompañar a los jóvenes en sus necesidades y aspiraciones más profundas.
La familia como principal agente preventivo
Todas las estrategias convergen en la institución familiar, definida por el Concilio Vaticano II como «Iglesia doméstica», espacio donde se cultiva, cuida y proyecta la vida. El Papa fue enfático al señalar que no existe mejor barrera contra las drogas que una familia sólida y funcional, capaz de ofrecer contención, valores y un proyecto de vida alternativo a la marginalidad.
Iglesia: casa y escuela de comunión
Ante el drama de hogares rotos por el consumo, el reclutamiento criminal, la pobreza y la falta de oportunidades, el Obispo de Roma instó a recuperar el ideal de san Juan Pablo II en Novo millennio ineunte y del Papa Francisco en Evangelii gaudium: una Iglesia que sea «casa y escuela de comunión». Esto implica tocar la carne sufriente de los demás, acogiendo especialmente a quienes han quedado al margen del camino como miembros plenos de la familia eclesial.
El llamado a no pasar de largo
Como deseo final, León XIV exhortó a imitar la actitud del Buen Samaritano, deteniéndose ante el caído en lugar de continuar el camino indiferentes. La aspiración central del magisterio actual es clara: que la Iglesia se constituya verdaderamente en la familia de todas las personas descartadas por el sistema, ofreciendo refugio, dignidad y esperanza a las víctimas de las adicciones en el continente y en el mundo.