Estados Unidos busca reducir la distancia en sus cadenas de suministro, lo que implica un enfoque en que los productos lleguen más rápidamente al consumidor, complementado por un enfoque comercial que favorezca su seguridad nacional. Este contexto representa una oportunidad para México, al poder atraer inversiones extranjeras y reforzar sus cadenas productivas internas. En este sentido, el Plan México surge como un intento de definir una estrategia de desarrollo productivo que combine crecimiento con nuevas prioridades como la relocalización de cadenas globales de valor y la incorporación de tecnologías digitales.
No obstante, la experiencia histórica indica que el éxito de estrategias como el Plan México no depende solo de las condiciones externas ni de la cantidad de recursos públicos asignados, sino del diseño adecuado y de su correcta ejecución. El libro “The New Economic Nationalism” de Monica de Bolle y otros, presenta ejemplos de políticas industriales en Japón, Corea del Sur, Taiwán y China. Aunque estas naciones dieron discursos económicos-nacionalistas similares, sus resultados varían significativamente en comparación con los de Argentina y Brasil. ¿Por qué los países asiáticos crecieron de una manera muy diferente?
De la obra se derivan seis lecciones fundamentales. Primero, el apoyo estatal a proyectos productivos debe estar vinculado a resultados verificables, como el incremento de exportaciones o mejoras en productividad. Segundo, es vital que exista un mecanismo real para retirar apoyos a quienes no alcancen las metas. Tercero, las políticas deben facilitar la integración de empresas en mercados internacionales. Cuarto, debe haber una burocracia técnica y autónoma que evalúe resultados y resista influencias políticas. Quinto, debe haber horizontes temporales bien definidos y mecanismos de evaluación continua para evitar que los apoyos se conviertan en esquemas permanentes. Finalmente, todo esto debe enmarcarse en un entorno de estabilidad macroeconómica que permita una planificación a largo plazo.

Estas lecciones indican que el reto del Plan México es considerable. Si su diseño falla en incorporar mecanismos de evaluación rigurosos y condicionalidad en el desempeño, se corre el riesgo de perpetuar problemas como la baja productividad y dependencia de subsidios. Un aspecto clave del Plan es el enfoque en sectores como semiconductores, electromovilidad, energías limpias y digitalización. No solo se trata de atraer inversión, sino de asegurar que esta genere encadenamientos productores locales y un crecimiento sostenido en productividad.
La doble estructura de la economía mexicana, que incluye un sector moderno y otro de micro y pequeñas empresas con baja productividad, plantea un desafío. Sin políticas claras de articulación productiva, el Plan México podría acentuar esta dualidad, creando tensiones políticas y problemas distributivos que afecten el ambiente para atraer inversiones. Además, la capacidad institucional del Estado es fundamental; el éxito de las políticas no solo depende de un diseño técnico adecuado, sino también de la calidad de la burocracia que las implemente.
Es importante, por tanto, determinar si México cuenta con agencias con la autonomía técnica necesaria para evaluar programas, si hay métricas claras de éxito y mecanismos de rendición de cuentas, así como una buena coordinación entre políticas industriales, energéticas y educativas. Por último, el contexto macroeconómico es clave; la estabilidad en aspectos como inflación y finanzas públicas es esencial para facilitar inversiones a largo plazo. La creciente deuda pública podría amenazar la inversión, lo que hace imprescindible la colaboración del sector privado en la implementación del Plan México.
El Plan enfrenta la dificultad de equilibrar el nacionalismo económico con la integración internacional. A pesar de que el entorno actual requiere fortalecer la capacidad productiva nacional, también es necesario mantener la apertura y competencia en el mercado. Esto implica diseñar políticas que fomenten el desarrollo de capacidades sin adoptar prácticas proteccionistas. Aprovechar la revisión del tratado comercial de América del Norte para asegurar una mejor inserción en las cadenas de valor también puede ser una clave para el desarrollo del sector productivo nacional. El éxito o fracaso de esto definirá el impacto del tratado en el crecimiento y desarrollo del país.
El Plan México tiene el potencial de impulsar significativamente el desarrollo productivo del país, aunque su éxito dependerá del diseño adecuado, de la disciplina en los mecanismos de evaluación, de la calidad en la implementación y de la estabilidad económica en la que se desarrolle. ¿Está el Estado mexicano en condiciones de afrontar este reto?
Análisis de especialistas de la Universidad Iberoamericana son presentados a nuestros lectores cada 15 días en un espacio que coordina el Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana, CDMX.
Comentarios: pablo.cotler@ibero.mx
* El autor es profesor-investigador del Departamento de Economía