Por Enrique Jacob Rocha
México se encuentra en una de las mayores paradojas de su historia económica reciente: tiene una oportunidad excepcional para impulsar su crecimiento, pero está haciendo muy poco para aprovecharla. La reubicación de cadenas de producción, la tensión geopolítica entre Estados Unidos y China, y la estrecha integración económica de América del Norte colocan al país en una situación favorable. Sin embargo, su economía no avanza. Más preocupante aún, no es el contexto internacional el que detiene a México; es el propio país el que se frena.
Un análisis reciente de The Economist es claro: el crecimiento de México es apenas del 0.8%, uno de los peores desde la pandemia, a pesar de un entorno internacional propicio. Es decir, el viento sopla a favor, pero el país se mueve en dirección opuesta.
La oportunidad es tangible y extraordinaria. No se trata de optimismo infundado; los datos lo respaldan. La integración económica con Estados Unidos ha alcanzado niveles récord. Tras tres décadas de apertura, el comercio bilateral se aproxima a un billón de dólares anuales. México es parte integral del sistema productivo de América del Norte, no solo un socio comercial más.
Según Luis de la Calle, el TMEC no enfrenta riesgos estructurales. De hecho, se espera que se profundice. La nueva fase no solo será comercial, sino geopolítica, con América del Norte reorganizando sus cadenas de suministro para disminuir su dependencia de Asia, especialmente de China. En este escenario, México tiene la oportunidad de convertirse en el centro industrial de la región, reemplazando importaciones asiáticas y desarrollando cadenas productivas completas en sectores clave como acero, plásticos, vidrio, fibras sintéticas e insumos intermedios.
En el proceso de renegociación del TMEC, el país enfrenta el reto de las reglas de origen, que de la Calle describe con franqueza: México no produce muchos de los insumos necesarios para calificar como producción norteamericana, dependiendo de importaciones asiáticas para componentes cruciales. Este hecho se convierte en un pasivo estratégico en el nuevo régimen comercial, donde cumplir con las reglas de origen es vital.
Si México aborda este desafío adecuadamente, podría experimentar un proceso de industrialización similar al que vivieron los tigres asiáticos en sus momentos de auge. La cuestión no es si la oportunidad existe, sino si hay voluntad política para aprovecharla.
La paradoja mexicana: todo para crecer, y sin embargo, no crece. The Economist sostiene que México está en el lugar correcto con la estrategia equivocada. Mientras Vietnam crece cerca de un 8%, India alrededor de un 6.5% y Polonia cerca de un 4%, México avanza menos de un punto porcentual. La diferencia radica en la política económica, no en la geografía.