A pesar de las recientes reuniones entre funcionarios de México y Estados Unidos para preparar las consultas que llevarán a la revisión del T-MEC a mitad de año, la realidad indica que Estados Unidos está mejor posicionado en estas negociaciones, mientras que México continúa siendo el eslabón más débil.

Es crucial comprender que el presidente Donald Trump no dudará en ejercer presión durante la revisión del Tratado para beneficiar a su país. Lamentablemente, México se encuentra en una situación vulnerable en esta pauta bilateral.

Según el presidente estadounidense, México enfrenta una fuerte presión debido a grupos del crimen organizado, los cuales supuestamente cuentan con el respaldo de altos funcionarios tanto estatales como federales. Esta circunstancia facilitará que la presión para actualizar el acuerdo surja desde ese punto.

Otro aspecto desventajoso para México es que más del 85% de nuestras exportaciones se destina directamente a Estados Unidos, lo que significa que cualquier cambio en las negociaciones podría impactar seriamente la entrada de productos mexicanos al país vecino. Por lo tanto, Trump podría imponer aranceles a nuestros productos bajo cualquier pretexto.

Si bien hay productos importados de Estados Unidos que podrían ver un incremento de aranceles, lo más ventajoso sería que México también aplicara tarifas a esos productos. Sin embargo, en México faltan estrategias que fortalezcan la producción nacional, lo que nos mantiene dependientes de las importaciones estadounidenses.

Adicionalmente, los cambios legales implementados en los últimos años en nuestro país han restringido significativamente la atracción de mayores inversiones que contribuyan al desarrollo de diversos sectores productivos. Si no se realizan modificaciones sustanciales, la inversión se mantendrá limitada y seguirá proveniendo de las mismas empresas, sin abrir espacio a nuevos actores que puedan reducir nuestra dependencia de las importaciones.

A pesar de que México puede seguir recaudando recursos significativos, estos fondos se destinarán principalmente a programas sociales y al pago de deudas, así como al fortalecimiento de las empresas estatales. Si no se refuerza la CFE, la escasez energética seguirá siendo un obstáculo considerable para la inversión en el país. Además, la falta de una definición clara entre la inversión pública y privada por parte del gobierno federal limitará aún más la llegada de capital a sectores cruciales para el desarrollo.

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