En un mensaje dirigido a los asistentes del Foro Builders AI, que tiene lugar actualmente en la Pontificia Universidad Gregoriana, el Papa reflexiona sobre la “carga ética y espiritual” que conllevan las nuevas tecnologías. Recuerda que cada decisión de diseño representa “una visión de la humanidad”, reiterando así la invitación a cuestionar cómo las herramientas creadas están alterando la esencia del ser humano.

Edoardo Giribaldi – Ciudad del Vaticano

La Inteligencia Artificial (IA) no solo destaca por sus capacidades, sino también por el impacto silencioso que causa en nuestro interior: cómo nos forma, cómo nos transforma y la dirección en que nos está guiando. La verdadera esencia de su desarrollo radica en esta introspección, más que en “laboratorios” y “carteras de inversión”. El Papa León XIV nos invita a esta reflexión en su mensaje leído el jueves 6 de noviembre a los participantes del Foro Builders AI 2025, que se extenderá hasta el 7 en la Pontificia Universidad Gregoriana.

“¿En quién nos estamos convirtiendo?”

La finalidad de la conferencia es establecer una nueva comunidad interdisciplinaria que apoye el desarrollo de productos de IA al servicio de la misión de la Iglesia. Siguiendo esta línea, el Papa señala que surge una reflexión trascendental: no solo es importante lo que la IA puede hacer, sino en quién nos estamos convirtiendo a medida que desarrollamos estas tecnologías.

El peso “ético y espiritual” de la IA

El Pontífice reitera lo que expuso en la Nota Antiqua et Nova, publicada el 28 de enero, fruto de una reflexión conjunta de los Dicasterios para la Doctrina de la Fe y para la Cultura y la Educación. Asegura que la IA, «como toda invención humana, emana de la capacidad creativa» que Dios ha otorgado a la humanidad. En este sentido, la innovación puede ser vista como una forma de “participación” en el acto mismo de la Creación.

Cultivar el “discernimiento moral”

El mensaje de la Iglesia es claro: quienes participan en el desarrollo de nuevas tecnologías deben cultivar un “discernimiento moral” como parte esencial de su labor, creando sistemas que embody los valores de justicia, solidaridad y genuino respeto hacia la vida. Las reflexiones durante estos dos días demuestran que este compromiso no debe limitarse a laboratorios de investigación o carteras de inversión; tiene que ser una empresa profundamente eclesial.

Las aplicaciones de la IA son diversas: desde algoritmos para la educación católica, hasta herramientas para una atención médica compasiva y plataformas creativas que narran la historia cristiana con verdad y belleza. No obstante, la misión permanece constante: utilizar la tecnología al servicio de la evangelización y del desarrollo integral de cada persona. Esta sinergia, citando nuevamente a Antiqua et Nova, representa el diálogo entre la fe y la razón, reinterpretado en un contexto digital. Tanto la inteligencia artificial como la humana encuentran su plenitud en el amor, la libertad y la relación con Dios.

Que vuestra colaboración dé vida a una IA que refleje el diseño del Creador: inteligente, relacional y guiada por el amor.

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