México enfrenta un problema de salud pública relacionado con el alto consumo de azúcar, ya que el 36.9 % de la población adulta presenta sobrepeso. El Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) proyecta que para 2030 esta cifra podría llegar al 45 %. En respuesta, el gobierno federal y las principales empresas refresqueras han acordado reducir poco a poco el contenido de azúcar en sus productos.

El objetivo de esta iniciativa es disminuir la cantidad de azúcar en las bebidas carbonatadas, promoviendo al mismo tiempo hábitos más saludables en la ciudadanía, sin comprometer la viabilidad del mercado ni el sabor de los refrescos.

La medida de reducción de azúcar tiene el potencial de mejorar la salud de la población mexicana, aunque también presenta desafíos para la industria refresquera, los productores de caña y los consumidores habituados a ciertos sabores. A continuación, se discute cómo un ajuste en la fórmula puede afectar un ecosistema económico y cultural entero.

Coca-Cola disminuirá 30 % de calorías por litro en sus productos

En una conferencia de prensa en la Cámara de Diputados, Patricio Caso Prado, representante de Coca-Cola, anunció el compromiso de la empresa de reducir gradualmente un 30 % de calorías en cada litro de sus bebidas. También informó que en el transcurso de un año, la compañía aspira a que el 70 % de sus productos se elabore con esta nueva fórmula.

Coca-Cola también presentó otras iniciativas para apoyar el acuerdo, como ofrecer productos bajos en calorías a precios más accesibles, aumentar la promoción de bebidas sin azúcar y restringir la participación de menores de 16 años en la publicidad de refrescos.

Eduardo Clark, subsecretario de Salud, estuvo presente en la conferencia y comentó que el gobierno está en conversaciones con otras empresas refresqueras para ampliar este acuerdo.

Métodos para realizar la reducción de azúcar

En años recientes, la industria mexicana de bebidas ha implementado estrategias de reformulación y diversificación para ofrecer opciones más saludables. Según la Asociación Mexicana de Bebidas (Mex Beb), actualmente más del 55 % del portafolio de refrescos en México incluye opciones sin azúcar o bajas en calorías.

“La industria refresquera ya dispone de experiencia en la reformulación de productos que responden a los gustos y estilos de vida del consumidor”, señala Vicente Rodríguez, director de Comunicación y Estrategia de la Asociación Mexicana de Bebidas (Mex Beb).

Leyna Priscila López Torres, del Instituto de Nutrición Humana de la Universidad de Guadalajara, explica que los refrescos de cola se componen de agua carbonatada, azúcar o jarabe de maíz de alta fructosa, ácido fosfórico, saborizantes, edulcorantes, conservadores y cafeína. Los sustitutos del azúcar, como la stevia y la sucralosa, pueden ser utilizados por las marcas, aunque también presentan riesgos para la salud, como afectaciones a la flora intestinal.

Impacto económico en la industria refresquera

El volumen de ventas de refrescos y bebidas saborizadas en México ha crecido proporcionalmente a la población, manteniendo el consumo per cápita constante en las últimas décadas, indica Vicente Rodríguez.

Según la Mex Beb, las empresas asociadas abarcan un 98 % del mercado de refrescos y aguas carbonatadas, generando un valor de producción de 1.8 billones de pesos, equivalente al 3.4 % del PIB nacional.

Héctor Iván del Toro, doctor en Estudios Fiscales, menciona que esta medida afectará los precios de los refrescos y la rentabilidad de las empresas, aunque la Ley del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) no reducirá el consumo de estos productos.

Lentamente, la acción impactará en la cadena de producción de la caña de azúcar, generando presión económica para los agricultores y productores de este recurso, añadió el economista.

¿La reducción de calorías cambiará los hábitos alimenticios?

El secretario de Salud, David Kersenobich, afirmó que esta medida por sí sola no tendrá efectos inmediatos en las tasas de sobrepeso y obesidad, siendo necesarias otras acciones como facilitar el acceso a agua potable y restringir el consumo de alimentos ultraprocesados entre los niños.

El impacto del consumo de refrescos en la salud es significativo, ya que la alta cantidad de azúcares refinados puede llevar a enfermedades como la diabetes y la obesidad, advierte la nutrióloga Sara González.

La recomendación es limitar el consumo de refrescos a ocasiones especiales, aun cuando se disminuya el contenido de azúcar, debido a que las bebidas aún contienen otros insumos refinados que son perjudiciales para la salud.

Es esencial que la regulación se amplíe más allá de los refrescos, ya que otras bebidas como jugos también contienen altos niveles de azúcares libres y tienen bajo valor nutricional, concluye Sara González. En conclusión, aunque la reducción de calorías representa un avance normativo, los vínculos culturales y económicos con el consumo de bebidas azucaradas requieren enfoques integrales que incluyan educación nutricional y políticas efectivas.

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