Los manifestantes de la Generación Z en Nepal lograron la destitución del gobierno en menos de 48 horas, aunque esta victoria ha llegado a costa de un alto precio.

“Sentimos orgullo, pero también tristeza, arrepentimiento y enojo”, comenta Tanuja Pandey, una de las organizadoras de las protestas.

Con 72 fallecidos, las protestas de la semana pasada fueron los disturbios más letales en el país en décadas.

Se produjeron incendios, vandalismo y saqueos en varios edificios oficiales y residencias de líderes políticos, así como en hoteles de lujo como el Hilton, que abrió en julio de 2024.

La esposa de un ex primer ministro lucha por su vida tras un incendio en su casa.

Las protestas simbolizaron un rechazo contundente hacia la clase política actual de Nepal, acusada de décadas de gobernanza ineficaz y corrupción, según Ashish Pradhan del International Crisis Group.

Sin embargo, se alertó que los daños a los servicios públicos podrían ser equiparables a los causados por el terremoto de 2015, que dejó cerca de 9.000 víctimas.

Bebés nepo

Días antes de la fatídica manifestación del 8 de septiembre, Pandey, activista ambiental de 24 años, publicó un video denunciando una mina en Chure, una cadena montañosa vulnerable de la región.

Argumentó que los recursos de Nepal pertenecen a la población, no a “las empresas con responsabilidad limitada de los políticos”, instando a sus conciudadanos a “luchar contra la corrupción y el mal uso de nuestras riquezas”.

Como en otros movimientos juveniles en Asia, las protestas carecieron de líderes formales, ya que el descontento había ido creciendo tras la prohibición de 26 plataformas de redes sociales por parte del gobierno, aduciendo falta de registro.

De la calma a la tormenta

En la mañana del 8 de septiembre, Pandey se unió a amigos en Maitighar Mandala, esperando una multitud pequeña, pero pronto vio que el número crecía exponencialmente.

Aakriti Ghimire, de 26 años, describió el inicio de la marcha como pacífico y comunitario, lleno de canciones y consignas alegres.

Ambas activistas comenzaron a notar problemas al mediodía, cuando la multitud avanzó hacia New Baneshwor, cerca del parlamento, y comenzaron a ingresar individuos de apariencia sospechosa.

Caos

La violencia estalló al día siguiente, y manifestantes incendiaron el edificio del parlamento, la oficina del primer ministro y otros edificios gubernamentales.

Pandey y Ghimire optaron por quedarse en casa y seguir el avance por medios digitales, notando que la sensación inicial de justicia se deterioró rápidamente.

Finalmente, se hizo un llamado al ejército para restablecer el orden y se impuso un toque de queda que duró varios días.

Un duelo profundo

Mientras tanto, las familias de quienes perdieron la vida durante las protestas enfrentan la dura realidad de su pérdida.

“Estamos devastados por la pérdida de nuestro querido hijo”, expresa Yubaraj Neupane, cuya familia aún busca respuestas sobre la muerte de su hijo de 23 años, quien fue víctima del conflicto.

Pandey sostiene que aunque mantiene cierta esperanza para el futuro del país, el trauma del pasado continuará marcando a su generación.

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