
El fenómeno de los desplazados internos debido a la violencia en México sigue sin recibir la atención adecuada por parte de los organismos oficiales, expresó Claudia Portela, coordinadora del Proyecto Salesiano en Tijuana.
Portela destacó que desde el año 2024 comenzaron a documentar formalmente estos incidentes, y las cifras resultaron alarmantes, al ser comparables a las de los solicitantes de asilo.
Nuevos informes destacan la magnitud del fenómeno
“Recibimos 100 solicitantes de refugio, y a su vez llegan 100 o más desplazados internos; es un número considerable y debemos hacerlo visible,” enfatizó Portela.
Agregó que esta situación pone de manifiesto la necesidad apremiante de coordinar esfuerzos con el ayuntamiento, el gobierno estatal, ACNUR y OIM para desarrollar estrategias que aseguren protección para estas personas.
Desplazados internos buscan alternativas seguras
La administradora mencionó que algunos desplazados intentan llegar a Estados Unidos, incluso utilizando islas como única opción, mientras que otros optan por programas de visado en Canadá.
Portela señaló que no todos buscan migrar de manera irregular; su objetivo principal es encontrar seguridad y estabilidad, aunque eso signifique atravesar procesos largos y complicados.
También hay quienes deciden trasladarse a otros estados de México con la esperanza de tener mejores oportunidades laborales y vivir sin la constante preocupación de ser perseguidos.
“Algunos han intentado migrar a otros países, como Canadá, con visas de trabajo; no es cierto que todos quieran migrar de manera informal,” concluyó.
Desafíos persistentes para la integración y la seguridad
Portela explicó que los desplazados internos no solo enfrentan riesgos en sus lugares de origen, sino que también deben lidiar con la informalidad laboral.
Esta falta de reconocimiento complica su integración en las nuevas comunidades, lo que los lleva a buscar formas más seguras de subsistir, incluso fuera del país.
Además, muchos estados con bajos índices de violencia se vuelven atractivos para aquellos que desean rehacer sus vidas sin el temor constante de ser perseguidos.
La administradora enfatizó que el principal desafío es visibilizar este fenómeno y asegurar que existan políticas públicas que realmente aborden la magnitud del problema en México.
