
Desde el momento en que los vagones del Metro llegaban a Ciudad Deportiva, se podía percibir una atmósfera inusual: una calma que generaba sospechas. Los stands decorados con lentejuelas, vinculados a una de las marcas más representativas del festival, brillaban en soledad, sin la multitud que normalmente los rodea. Al cruzar la entrada del Autódromo Hermanos Rodríguez para acceder al Tecate Emblema, la sorpresa se confirmó: caminos apenas transitados, ausencia de empujones y la sensación de que, al menos esta vez, la música tendría más protagonismo que la masa.
La cifra oficial al caer la noche fue de 40 mil asistentes en un lugar con capacidad casi el doble. Aunque este número fue mucho menor al habitual, bastó para reflejar la pasión de los verdaderos seguidores, esa mezcla de nostalgia por el pop, corazones rotos y ritmos que invitan a bailar, que seguía viva.
La apertura estuvo a cargo de Adryanna Cauduro, Sofish y Belén Aguilar, quienes ofrecieron sus primeras melodías a pequeños grupos, pero muy atentos. A pesar del sol abrasador, la falta de aglomeraciones permitía un desplazamiento ágil entre los escenarios.
A las cinco de la tarde, aún era posible solicitar una cerveza sin largas esperas; algunos ya disfrutaban de su tercer vaso cuando bajó la temperatura y una suave brisa comenzó a recorrer el lugar.
El festival es conocido por su selección nostálgica y, durante la tarde, la euforia creció con el regreso más destacado del día: CD9. Los ex ídolos adolescentes hicieron revivir recuerdos con canciones como “Deja Vu”, “Ángel cruel” y “Me equivoqué”, generando llantos y pancartas, evidenciando que la boyband todavía tiene un fuerte eco.
En el mismo escenario, The B-52’s llenaron la noche de energía ochentera al convertir el asfalto en una pista de baile con “Love Shack” y “Rock Lobster”. Los más mayores levantaban los brazos, mientras que los jóvenes registraban el evento para desmentir la leyenda de que “todo tiempo pasado fue mejor”.
A lo largo de la jornada, varios momentos memorables fueron compartidos. Natasha Bedingfield confesó en el escenario principal que había escrito una canción llamada “Mexico City” con el deseo de estar en el festival. Su éxito “Unwritten” resonó como un himno generacional. Además, Sophie Hawley-Weld celebró su cumpleaños durante el show de Sofi Tukker, donde el público le cantó “Las mañanitas”.