TIJUANA, AGOSTO 29, 2025.- Según los expertos en urbanismo, el problema en la vía rápida, junto al cruce hacia Estados Unidos, no se debe únicamente a la alta cantidad de vehículos, sino a varios factores interrelacionados.
La carencia de delimitaciones claras para los carriles hacia la garita provoca que los conductores intenten incorporarse a última hora, generando entrecruzamientos que congestiona la vía.
Además, la rigidez de la infraestructura contribuye a esta situación, ya que el puente cercano concentra flujos de tráfico incompatibles en un área reducida, y la conducta de los automovilistas, que ante la falta de orden utilizan “atajos”, intensifica el caos vial.
El acceso a la garita de San Ysidro, el cruce fronterizo más transitado del mundo, representa uno de los principales desafíos de movilidad en Tijuana.
El tramo de la Vía Rápida Oriente, donde se juntan los vehículos que hacen fila para cruzar hacia Estados Unidos y aquellos que van hacia el centro, genera un embudo que causa colisiones, discusiones y retrasos que afectan tanto a quienes utilizan la garita como a la circulación interna de la ciudad.
En este contexto, se han propuesto diversas soluciones que requieren un análisis exhaustivo antes de tomar decisiones. Una de ellas es la posible extensión del puente existente hacia la izquierda para conectar con el lado derecho, facilitando el descenso directo hacia la vía lenta.
Este cambio, según los especialistas, podría permitir una delimitación más clara de los carriles, evitando que los vehículos se crucen en áreas críticas debajo de la estructura. Sin embargo, advierten que esta propuesta tiene limitaciones, ya que precisaría de estudios técnicos detallados sobre sus impactos económicos y urbanos.
Otra idea sería eliminar los camellones centrales, aunque los urbanistas advierten que esto podría provocar riesgos importantes, afectando la infraestructura gubernamental al comprometer as estructuras cimentadas sobre el camellón y aumentando la velocidad en un tramo ya problemático.
Los camellones, aunque con escasas zonas verdes, son un componente urbano que a menudo se sacrifica por lo artificial, perpetuando una cultura que prioriza el asfalto sobre lo natural.
Además, los expertos indican que los problemas no se limitan solo a este punto crítico. Existen al menos dos cruces previos que complican aún más la circulación: uno en la Colonia Buena Vista y otro en la intersección de las Vías Rápidas Oriente y Alamar.
Estos conflictos deben ser analizados junto con los del lado poniente, donde también se presentan saturaciones y cruces forzados. Resaltan que si no se evalúa el corredor en su totalidad, cualquier intervención en un punto solo trasladaría el problema a otro lugar.
Daniel Eduardo Rivera Basulto, presidente de la Sociedad de Urbanismo de la Zona Metropolitana de Tijuana, menciona que el debate no debe restringirse a soluciones parciales ni a decisiones apresuradas, enfatizando que más que rapidez, lo que los ciudadanos buscan es que el tránsito avance de manera ordenada y constante.
“Eliminar camellones o improvisar soluciones solo desplaza el problema y aumenta los riesgos. Se requiere infraestructura que organice los flujos, disuada accidentes y contemple la totalidad de la ciudad, no solamente a quienes cruzan la frontera”, afirmó.
El especialista recordó que menos del 20% de la población tijuanense cruza en automóvil hacia Estados Unidos regularmente; sin embargo, las congestiones impactan a toda la ciudad al saturar la Vía Rápida y retrasar traslados internos. “Cada peso destinado a infraestructura debe responder a la pregunta: ¿a qué porcentaje de la población beneficia realmente? Es crucial abordar la garita, pero Tijuana no puede ignorar sus necesidades internas de transporte público y movilidad cotidiana”, subrayó.
Además, los especialistas advierten que ninguna de las soluciones propuestas, ya sea la extensión del puente, la implementación de barreras móviles o la redistribución de carriles, debería considerarse definitiva sin estudios profundos que evalúen su viabilidad y consecuencias.
Las obras significativas pueden ofrecer una solución estructural al conflicto, aunque requerirían importantes inversiones y pueden tener efectos adversos en el entorno urbano; mientras que las soluciones menores, aunque más rápidas de implementar, dependen de la disciplina ciudadana y de un monitoreo constante. El problema de la garita debe entenderse como parte de un sistema más amplio de movilidad metropolitana, donde la inversión no se limite al cruce fronterizo y garantice seguridad vial, sostenibilidad y beneficios tangibles para la mayoría de los tijuanenses.