Los aves migratorias son, efectivamente, migratorias. “Durante mi primer año hice de todo: limpieza, cuidado de niños. El salario es bajo y no estoy acostumbrado al trabajo físico”, afirma uno de los testimonios de un estudio que revela que el 54% de las personas centroamericanas se han desplazado.
El informe, titulado “Caminos Compartidos”, se basa en diagnósticos realizados en una acción experimental y abarca las experiencias de personas centroamericanas. Estas personas se han visto obligadas a abandonar su hogar por amenazas de muerte, persecución y crímenes en contra de quienes defienden los derechos humanos, así como activistas contra la impunidad y operadores de justicia. Los autores eligieron centrarse en las experiencias de estas personas debido a la falta de investigaciones recientes que profundicen en sus vivencias.
El estudio incluye un total de 219 personas, cuyas historias reflejan una amplia variedad de circunstancias. “Todas las personas comparten la condición de estar exiliadas en México”, afirma un miembro de la organización. Los resultados muestran que el 54% de los encuestados son mujeres y el 43% hombres. La mayoría, el 65%, tiene entre 26 y 45 años, lo que indica que se trata de una diáspora joven en plena edad laboral, y con un alto nivel educativo, ya que el 30% cuenta con un título de licenciatura. Estas personas residen en 26 de los 32 estados de México, con un 45% en Ciudad de México, 11% en Chiapas y 7% en el Estado de México. En términos de origen, la mayoría proviene de Guatemala (25%) y El Salvador (25%), seguidos de Honduras (19%), Nicaragua (17%) y Costa Rica (12%).
Los motivos del desplazamiento son variados. Los tres principales factores que señalaron los encuestados son la búsqueda de estudios (17%), razones familiares (16%), y persecución (15%). En cuarto lugar, se encuentra el temor a la persecución política (13%), y otros motivos incluyen situaciones de violencia, con un 8% y otro 7% por violencia específica. Cabe destacar que quienes han emigrado por persecución en su país y quienes lo han hecho por temor a ser perseguidos representan el 28% del total. Sonja Perkič-Krempl, coautora del estudio, ha señalado que el exilio centroamericano tiene un “rostro femenino” y que un
30% de estas mujeres han dejado a sus hijos atrás.
Los testimonios revelan que las personas que se desplazan enfrentan una “tensión constante” y dificultades para adaptarse. Los expertos han analizado el impacto de la separación y el desplazamiento, indicando que “la pérdida genera un profundo sentimiento de nostalgia”, ha afirmado Perkič-Krempl. Los encuestados han expresado que lo que más les duele es no estar con sus seres queridos, añadiendo que han sentido una desconexión con su hogar debido a las circunstancias del éxodo.
Algunos centroamericanos también lidian con sentimientos de culpa. “Dicen: ‘Estoy aquí, mientras mi familia está sufriendo en casa’, lo que evidencia un conflicto emocional profundo”, mencionan los investigadores. Estos sentimientos son comunes entre aquellos que dejan sus hogares en busca de mejores oportunidades, así como el reconocimiento de que cada decisión tomada es compleja y cargada de emociones. Las relaciones familiares y las amistades también contribuyen a la sensación de desarraigo y de no pertenecer a ningún lugar, generando una mezcla de dolor y resiliencia en sus historias.