México es un país con un sistema de partidos políticos en donde las áreas locales juegan un papel crucial, convirtiéndose en espacios de residencia para sus habitantes.

Sandraley, profesora en el área de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey, durante sus investigaciones ha abordado la temática de la violencia en relación con los partidos y las alcaldías.

“La importancia de los partidos y las alcaldías impacta en la lógica de la violencia”, menciona en su libro sobre las drogas y la violencia, coescrito con Roberto Trejo. “La criminalidad se ha entrelazado con los procesos políticos, donde el crimen organizado ha encontrado en la política una forma de auge y expansión.”

En cuanto a los eventos electorales, se documentaron más de 300 ataques de 2006 a 2012, mientras que de 2018 a 2024 la cifra supera los 1,200 incidentes.

Al alcanzar niveles de violencia importante, como lo señala la academia, se hace necesario reflexionar sobre la existencia de fuerzas que perpetúan este fenómeno. La clave del crimen organizado radica en cómo se ha constituido como una entidad paralela al Estado.

¿Está el crimen organizado vinculado a los procesos democráticos?

Richard Snyder, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Brown, cuestiona la sostenibilidad de una democracia en un país como México que ha atravesado violencia endémica por más de una generación. “Son situaciones que es necesario recordar.

Otra propuesta sugiere que quizás la democracia no es la única solución, sino que puede, en ocasiones, agravar el problema. “La historia de las democracias”, añade, “puede reflejar cómo se ha manejado este tipo de violencia.”

Snyder menciona el contexto mexicano de 1990, donde la violencia relacionada con el narcotráfico alcanzó picos que evidencian una transformación en el país. “Nuestro argumento indica que esta dinámica ha perdurado.”

Desenmascarando estructuras corruptas en la democracia

Snyder expone el concepto de “rackets” que se refieren a la protección patrocinada por el Estado, un término que desarrolló en 2009 en un estudio sobre la violencia, drogadicción y los casos de México y Colombia.

Los “rackets” son instituciones que, aunque tienen la apariencia de ser legítimas, operan en la sombra y contribuyen al crimen organizado, afectando a la democracia en su capacidad de ofrecer seguridad.

A medida que la competencia política se intensifica, la democracia pierde su capacidad de crear filtros y controles, lo cual en ciertas ocasiones podría intensificar la violencia.

“¿Cómo se puede construir una democracia sólida si los partidos solo llevan al caos?”, plantea. Otro obstáculo para el crimen organizado es el flujo de información y el conocimiento que se tiene sobre sus operaciones, como menciona Snyder.

Se podría argumentar que el fracaso de las democracias en algunas regiones podría estar ligado a la implicación de redistribución del poder entre el crimen organizado y las instituciones locales. “La situación en países como México ha llevado a reflexionar sobre la naturaleza del Estado”, concluye Snyder.

El papel del dinero en las democracias

Este artículo también reflexiona sobre cómo la dinámica del dinero proveniente de grupos criminales puede legitimar ciertos procesos en Estados Unidos. Se hace referencia al famoso dicho de Pablo Escobar, “plata o plomo”, aludiendo a cómo funciona la relación entre el crimen y la política.

La discusión se centra en cómo estas dinámicas en México y otros países afectan el sistema democrático, cuestionando la legitimidad del dinero que circula y cómo se relaciona con la violencia.

Formas de justicia alternativas y su eficacia

Desde el ámbito académico, se analizan trabajos sobre la protección comunitaria y los grupos autónomos que proporcionan seguridad pública ante la ineficacia del Estado. Estas comunidades han demostrado ser efectivas frente a organizaciones criminales potentadas.

Se plantea que, si el Estado hubiese funcionado correctamente, podría haberse reducido la violencia, a lo que se agrega que mejorar las instituciones estatales es un reto complejo. Esta discusión invita a imaginar un sistema de justicia paralelo y el impacto que estos grupos han tenido en la vida cotidiana de las personas.

El papel de estas comunidades se convierte en esencial, ya que su existencia contribuye a mitigar el impacto de los grupos criminales sobre la población y permite una forma de organización que eclipsa las debilidades del Estado. La clave está en la resiliencia de las comunidades frente a los desafíos impuestos por el crimen organizado.

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